Andrea Donofrio
ANDREA DONOFRIO es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
Los subterráneos
Democracia imperfecta, elecciones forzadas
El equilibrismo institucional intentado por el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ha fracasado; el ya ex presidente del Senado, Franco Marini, encargado de encontrar un consenso entre las fuerzas políticas, ha tirado la toalla. Disolución del Parlamento y nuevas elecciones en menos de dos años: la anomalía italiana está servida. En un periodo de elecciones (España, Estados Unidos) Italia también quiere tener las suyas: anticipadas, con una ley electoral insatisfactoria para la entera sociedad civil, pero suyas. El 13 y el 14 de abril los italianos volverán a las urnas con una extraña sensación de impotencia y la evidente falta de madurez de sus políticos. A pesar de la voluntad generalizada por modificar una ley que premia sobremanera a pequeños partidos y alimenta impulsos centrífugos, Berlusconi, olfateando la vuelta al poder (los sondeos le dan 15 puntos de ventaja), ha preferido posponer el diálogo y votar lo antes posible.
Rompiendo las estrategias de coalición típicas del sistema italiano, los numerosos partidos están convergiendo en polos: por un lado, Berlusconi, líder del Popolo delle Libertà, va aunando el centro-derecha (incluso Dini y Mastella, los mismos que causaron la caída del gobierno Prodi, nuevo ejemplo del trasformismo a la italiana), recurriendo al populismo y a la demagogia; por otro lado, Walter Veltroni, ex alcalde de Roma, guía del Partido Democrático, está procurando crear un programa político que no se limite al antiberlusconismo y al mismo tiempo superar la decepción causada por los últimos gobiernos de izquierda. La creación de polos únicos representa una respuesta endógena generada por el mismo sistema político contra sus carencias. La campaña electoral ya ha empezado: al cálculo de Berlusconi se contrapone la apuesta de Veltroni. A pesar de todo, parece un capricho votar ahora con un sistema electoral insostenible, que favorece la formación de gobiernos vulnerables y fragmentados mientras el país entero advierte la necesidad de un Ejecutivo estable. Improductivo en el plano político, el sistema está bloqueado en lo institucional por la fragmentación partidocratica y los conflictos entre los bandos. Pero votar está de moda e Italia no quiere ser menos.


