Andrea Donofrio

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ANDREA DONOFRIO es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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Los subterráneos

El extraño nacionalismo itálico en la crisis de Alitalia

04-04-2008

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La moribunda Alitalia ha vuelto el protagonismo a Prodi en el escenario político italiano, creando una situación paradójica donde izquierda y derecha parecen cambiarse los papeles: el gobierno izquierdista de Prodi se presenta respetuoso de las leyes de mercado y favorable a la venta a Air France-KLM, mientras la derecha “ex liberalista” considera que los intereses del país y sus bienes necesiten la intervención estatal. Calificando la oferta extranjera como “inaceptable”, Berlusconi intenta ponerse a la cabeza del orgullo nacional (“Formaré, con mis hijos, un grupo de empresarios italianos para evitar un final tan poco glorioso para nuestra compañía de bandera”) y, agita la bandera italiana en defensa de los intereses del Norte Italia (preocupado por el cierre del aeropuerto de Milán Malpensa). En su bando, il Cavaliere puede contar con el apoyo de Fausto Bertinotti, líder de la Sinistra Arcobaleno (ex Rifondazione Comunista), que se proclama contrario a la venta, augurándose un mejor trato para los empleados de Alitalia. El acercamiento entre Berlusconi y Bertinotti resulta tan extravagante como determinado por objetivos políticos: cálculos electorales se mezclan con razonamientos de cultura económica, estatalismo y liberalismo se intercambian de interlocutor, cinismo propagandístico se acopla con la idea asistencialista de la poder público.
La venta de Alitalia representa un asunto de importancia nacional, que merecería la colaboración de los diferentes actores políticos nacionales. Sin embargo, como subraya el Wall Street Journal, Berlusconi sigue su camino y con una peculiar actitud nacionalista se presenta como “un empresario atípico, contrario a la libre competencia del mercado”: más que a reflexiones políticas, su estilo depende de una valoración electoral. Finalmente con un exceso de optimismo, el premier in pectore ha añadido que “la respuesta a la oferta de Air France se la dará el próximo Presidente del Consejo y es un no rotundo”.

La crisis de Alitalia tiene muchos responsables y debe considerarse una anomalía que se ha prorrogado en el tiempo: resulta demasiado sencillo culpar al gobierno Prodi, presentándolo como el enésimo fracaso de su acción política, sin tener en cuenta que el anterior gobierno de Berlusconi, durante su mandato y por un quinquenio se ha desinteresado al tema. Sin embargo, la memoria del Cavaliere es corta y prefiere jugar a salvador de la patria, intentando movilizar el electorado del Norte contra Veltroni, ex alcalde de Roma y candidato del Partido Democrático, aguzando la división Norte/Sur, Roma/Milán.

Sobre esta posición, el más crítico de todos parece Pier Ferdinando Casini, líder del partido católico y su ex aliado que no ha tardado en recordarle una declaración de 17 de febrero 2004, cuando Berlusconi dijo “utilizaré todo mi talento para solucionar un problema que nadie ha sabido resolver hasta hoy: afortunadamente estoy yo”. Según varios analistas económicos italianos, ahora il Cavaliere estaría utilizando su talento para que Alitalia quebrara, mostrando irresponsabilidad política y sobre todo económica. El mismo Casini se ha mostrado muy escéptico sobre las casualidades que después de tantos meses desinteresándose del tema, Berlusconi se haya declarado capaz de “crear una cordada” en proximidad de las elecciones.

El misterio inicial sobre posibles compradores italianos ha sido revelado por el mismo Berlusconi que ha confiado al periódico “La Stampa” los nombres de Ligresti, de Benetton, del gigante petrolero ENI y del banco Mediobanca. Sin embargo, frente al inmediato desmentido de los interesados, conforme a su estilo, Berlusconi ha dado marcha atrás, calificando las noticias como “suposiciones periodísticas”, las adhesiones como simples contactos y la culpa de los diarios que “mojan su pluma en la tinta roja de la izquierda”.

Mientras tanto, la negociación sufrió ayer un brusco golpe: la ruptura de las conversaciones entre Air France y los sindicatos de la compañía. La firma franco-holandesa considera “inaceptable” la contraoferta y “incompatible con el objetivo de una vuelta rápida a la rentabilidad”. Esta decisión ha provocado la dimisión del Presidente de Alitalia, Maurizio Prato. La situación se presenta muy preocupante: si Air France tirase la toalla definitivamente, a Alitalia no le quedaría más salida que la quiebra. Por esta razón, el gobierno cesante y el mismo Prodi se han declarados disponibles a mediar, invitando los sindicatos a negociar nuevamente “en un clima donde prevalezca el buen sentido”.

La venta parece la única solución posible y por lo tanto hay que discutir los términos de esta: tratar por capricho llevaría a Alitalia a la quiebra. No cabe duda que incorporándose al grupo Air France-KLM, Alitalia entraría en una sociedad sólida que ha mejorado sus útiles en los últimos años con una buena gestión económica. Aunque su papel será reducido a lo de una compañía regional, no hay que vivirlo como un trauma: ser más pequeña para ser más sana. Finalmente, en lugar de una inútil retórica patriótica o de una ficticia apelación a los intereses nacionales, ha llegado el momento en que el mundo sindical e institucional se asuma sus responsabilidades políticas y sociales, actuando en el verdadero interés del País. Ha llegado el momento de dar una señal de madurez.



Para contactar con el autor: adonofrio@hotmail.com




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