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en "la amante del rey"
Javier Díaz Húder se atreve con la Guerra de los Cien Años

Carlos II es el la figura sobre la que Javier Díaz Húder arma su última novela histórica, en el mejor sentido de la palabra, "El amante del rey". El autor (Funes, Navarra) recoge la herencia de los grandes novelistas que hicieron de la historia el sustrato de sus obras capitales, como Dumas o Stendhal. Desde esas guías, Díaz Huder retrata el intenso periodo de la Guerra de los Cien Años, y la trastienda de las relaciones del entonces Rey de Navarra, estrechamente ligado a la corte francesa .
El eje central de "La amante del rey" (Maeva) es la Guerra de los Cien Años, una seria de conflictos entre Francia e Inglaterra que duró en realidad 116 largos años, (61 años de guerra y 55 de tregua, del 1337 al 1453).
Un contexto que sirve al novelista Díaz Húder para personalizar la guerra en la figura de Carlos II de Navarra, también conocido como "El Malo" (Évreux, 10 de agosto de 1332 - Pamplona, 1 de enero de 1387) que reinó en Navarra del 1349 al 1387. De él dijo Shakespeare que sería "el asombro del mundo", y no "Navarra será el asombro del mundo", como se suele leer en cuñas publicitarias. Lo que es cierto es que el monarca tenía derechos totales para acceder al trono de Francia. "Intentó, aprovechándose la debilidad de Francia ante los ejércitos ingleses, ganar la guerra y aspirar al trono de Francia", explica el autor.
Maneras de monarca despótico no le faltaban. El embrió de "La amante del rey" fue la imagen siniestra de los ahorcados del Puente Miluce, Navarra, año 1930. El campesinado protagonizó unas "protestas" por el injusto impuesto del monedaje. Era lo más a lo que podían aspirar, a protestar, las palabras "subversión", "revuelta" o "revolución" ni siquiera conocían de su existencia. Pero las quejas les saldrían caro, y ayudarían a acuñar el sobrenombre de "El Malo" a Carlos II, "alias" que, por otra parte, le pusieron los cronistas franceses. El ajusticimiento que da origen a la novela se produjo en el Puente de Miluce, a pocos kilómetros de Pamplona. "Donde está ahora la Volkswagen", aclara Díaz Huder, que conoce bien la zona. "Allí colgó a cuatro, y a otros cuatro los llevó a una torre importante del burgo de San Cernin, una de las divisiones de la Pamplona medieval".
Otro personaje histórico que cobra también gran importancia es Blanca de Navarra, hermana del Carlos II, y que se casa con el rey de Francia, para enviudar a los ocho meses de contraer matrimonio. Tenía 18 años y el 57. "En Francia no podía volver a casarse y murió a los ochenta años. Allí aún la recuerdan, como la belle sagesse, la hermosa sabiduría", cuenta el autor de "El amante del rey".
No todo es novela histórica
Con estos mimbres, Javier Díaz Húder introduce personajes ficticios que lubrican la trama. Personajes que existieron, con otros nombres y parecidas situaciones, pero que los Anales de la Historia no recogío. Y esa es la laguna que trata de superar el novelista histórica. En este caso, Díaz Húder inserta a Sancho Lapín, un bandido de las Bárdenas, al sur de Navarra, y a Yolanda, una prostituta que ofrece sus servicios en el Camino de Santiago, a su paso por Pamplona.
Para el autor, no todo lo que se publica como novela histórica lo es. Preguntado por algún autor español de referencia, prefiere no responder, y orienta sus gustos hacia Francia. "No hay color, ni punto de comparación", subraya. "Aquí se ha llamado novela histórica a cualquier cosa, novelas de ficción, sobre la masonería, que si un tío se mete en un laberinto para luego salir, que si "El fuego del cielo" de César Vidal", puntualiza. ¿Y cuáles son los cánones de la buena novela histórica? Este tardío pero fecundo escritor lo tiene claro: Alejandro Dumas, Stendhal o Walter Scott. "Esos hacían novelas históricas.





