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el mejor del mundo

El público del Real, en pie ante Maurizio Pollini


Hasta siete veces tuvo que salir el maestro italiano a agradecer los aplausos con los que el público madrileño le agradeció durante esta noche durante diez minutos el magistral concierto celebrado. La ovación fue unánime y estalló, calurosa y espontánea, nada más finalizar los acordes de la última de las sonatas de Beethoven, la “Appassionata”, que ha interpretado con la elegancia y precisión que caracterizan al gran pianista de Milán.

Alicia Huerta. Madrid

21-04-2008

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Pollini, que no regresaba a tocar al Teatro Real desde hace muchos años, desde que éste era sala de conciertos, está considerado en la actualidad como el mejor pianista del mundo y aunque él se lo toma con humildad, el concierto con que ha deleitado esta noche en Madrid confirma que nos encontramos ante un gran maestro, reconocido como tal en todo el mundo.

Decía Maurizio Pollini el viernes, en la presentación del ciclo dedicado a Beethoven, que para el concierto de este domingo había escogido un repertorio que contrastara con lo expresado por el mismo compositor en la ópera Fidelio. Sonatas de las más populares del compositor alemán, pero con un marcado aire oscuro que, acompañadas de piezas de Schönberg y Schumann, acercaran al público al conjunto expresivo de los diferentes estados de ánimo de Beethoven.

Es cierto que en las dos sonatas interpretadas por Pollini, el compositor alemán utilizó una tonalidad oscura, llena de fatalismo, pero también se sabe que cuando Schindler preguntó a Beethoven a propósito de las Sonatas nº2, opus 31 y opus 57, éste contestó invitándole a leer la Tempestad de Shakespeare y para Pollini, se refería sin duda a la primera escena, cuando se desencadena una tremenda tempestad, la cual no hay que leer en sentido descriptivo, sino como emblema de la condición humana, de una condición existencial que ha perdido todas las certezas y esperanzas.

Por ello, un pianista extremadamente concienzudo como es Pollini, no podía dejar esta noche de domingo de transmitir con su interpretación la fuerza de tal planteamiento de carácter existencial. Con música así es imposible perder las certezas y las esperanzas.



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