E. L./Efe
(09-06-2008) (La ciudad condal fue una de las capitales del diseño, sobre todo en los ochenta y noventa, con la eclosión de modas y tendencias que trajeron los Juegos Olímpicos, y una ciudad con orgullo de pionera. Aquel tiempo lo recuerda Narotzki, doctora en Historia del Diseño por el Royal College of Art de Londres, como un tiempo exitoso que "creó una determinada identidad de ciudad que sacó a Barcelona del agujero".
Un tiempo en que Barcelona se convirtió en referente del diseño, junto a otras ciudades como Nueva York, Londres o Milán, que surgió tras la Transición, "por el proceso que se inició de regeneración urbana y por la creación de nuevos espacios públicos, promoviéndose la producción y el consumo de diseño en la esfera pública".
Salir del propio ombligo
Sin embargo, la autora cree que Barcelona ya no puede seguir viviendo de las rentas, dejar de mirarse el ombligo, por así decir, y "generar nueva creatividad más allá de la ciudad misma y de Cataluña". De lo contrario, advierte, "no llegaremos a ninguna parte".
¿Y cómo conseguirlo? Para empezar, la diseñadora señala que el cambio que debe instituirse en la ciudad no es industrial, sino "cultural". Esto es, que la capital se abra al mundo, como lo hizo en otras épocas, y se convierta en "un puerto abierto a todo y a todos, porque la creatividad más potente del mundo sale del mestizaje.
"La Barcelona del diseño" es una obra "nada autocomplaciente", como señala Efe en su nota de prensa, crítica con el ámbito del diseño reciente, pero que ofrece líneas de por dónde deberían ir los tiros en estos espacios de creación.