14 de noviembre de 2019, 0:30:11
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La ONU, pesimista ante las negociaciones sobre el Sahara Occidental


Dentro de una semana se reúnen en Nueva York representantes del gobierno de Marruecos y del Frente Polisario.


El gobierno de Marruecos y el Frente Polisario volverán a encontrarse en una semana en una nueva ronda de negociaciones en Nueva York junto con delegaciones de Argelia y Mauritania. El representante especial del secretario general de la ONU que apadrina las conversaciones insiste en que las partes aborden puntos concretos para acercar posiciones, pero en el entorno de Christopher Ross reina el pesimismo.

La ONU ha puesto sobre la mesa tres temas para discutir. El primero, continuar con el desminado de la franja del territorio del Sahara que separa los dos contendientes y que se sitúa a lo largo de los “muros” construidos por el Ejército marroquí en los años 70 y 80 en plena guerra entre ambos beligerantes. Tanto las Fuerzas Armadas Reales (FAR) marroquíes como el Ejército de Liberación dirigido por el Frente Polisario sembraron de minas los respectivos terrenos adyacentes a sus bases para impedir el avance de las tropas enemigas. Aún hoy, el desierto sigue ocultando miles de bombas antipersonales. Periódicamente se registran explosiones al paso de vehículos o de personas. Hace año y medio murió un niño y otros tres resultaron heridos por una explosión cerca de Bir Guenduz.

En el temario del encuentro del 12 de marzo está igualmente el continuar con las visitas de familiares entre ambos lados de la trinchera. Un programa puesto en marcha por la ONU pero que periódicamente se retrasa o suspende por la desconfianza mutua entre marroquíes y saharauis, y las trabas administrativas.

Este calendario de visitas familiares forma parte de las “medidas de confianzas” propuestas por Naciones Unidas. La última de ellas ha sido de un miembro del Frente Polisario, Lehreitani Lahcen, que llegó a Laayún la semana pasada para visitar a su madre, a la que hacía 37 años que no veía. El militante independentista que resude desde comienzos del conflicto en los campamentos de refugiados de Tinduf ya se había reunido con otros familiares en Las Palmas, pero no lo había hecho con su madre por la imposibilidad de ésta de viajar. La familia de Lehreitani había preparado un recibimiento colocando una jaima ante la vivienda donde esperaban recibir a mas de un centenar de amigos y familiares del visitante. Un grupo de jóvenes saharauis, que no son miembros de la familia del veterano luchador, aprovecharon el acto para manifestarse con banderas del Polisario y corear consignas independentistas situándose a cerca de la jaima familiar. La policía antidisturbios marroquí que fue enviada por el gobernador local de Laayun, cargó brutalmente contra los manifestantes y de paso arrasó con la jaima golpeando a los familiares que acogían al recién llegado de Tinduf, Lehreitani Lahcen, que acabó con tres dientes rotos. Los representantes de la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental), responsables del traslado de los visitantes, permanecieron sin intervenir dejando a Lahcen sin protección, declaró a El Imparcial una fuente saharaui.

“Ha sido una ocasión perdida para Marruecos de mostrar si realmente tiene voluntad de aplicar y respetar las medidas de confianza propuestas por la ONU”, afirma Ramdan Messaud, miembro de la Asociación Saharahui de Derechos Humanos (ASADEDH). “Si la policía no hubiera reprimido a los manifestantes, aun ondeando las banderas del Polisario en el lugar, Lehreitani Lahcen hubiera podido llevar otro mensaje diferente a Tinduf, y se hubiera avanzando en la confianza mutua”. El propio Messaud recuerda que él mismo ha sido víctima de una agresión en pleno centro de Madrid por dos marroquíes, a los que acusa de “haber sido enviados por los servicios secretos marroquíes”. Una acusación que está siendo tramitada por un juez instructor.

El último punto de la agenda propuesta por la ONU parta el encuentro de Manhasset consiste en abordar la cuestión de la explotación de las riquezas naturales del Sahara Occidental. El gobierno de Marruecos no solo expiota los recursos mineros y pesqueros, sino que ha puesto en marcha grandes proyectos de agricultura de invernadero. El Frente Polisario ha denunciado repetidas veces “el pillaje de las riquezas saharauis” por Rabat, acusación que ha encontrado eco en diferentes comisiones de Naciones Unidas y de la Unión Europea. En medios diplomáticos magrebíes se apunta la posibilidad de que se encuentre alguna fórmula de “asociar” a representantes saharauis independientes en la explotación de los recursos económicos de la excolonia española.

El nuevo gobierno marroquí presidido por al islamista Abdelilah Benkiran se encuentra en un aprieto en la defensa de su política sobre “la cuestión saharaui”, ya que el dossier del conflicto sigue siendo llevado por el Palacio real y las fuerzas de seguridad, militares y policiales. En el mismo momento en que Lehreitani Lahcen era agredido en Laayun por la policía, Saad Edin el Othmani, ministro de exteriores marroquí, daba su respaldo a las “medidas de confianza” como la visita de familiares, a la organización de encuentros de carácter cultural entre saharauis del territorio y de los campamentos de Tinduf, como mejor opción para garantizar, dice, la seriedad de la propuesta autonómica formulada por Marruecos. Una declaración difícil de aceptar vista la amplitud de la política represiva marroquí en el Sahara.

“Es necesario y posible formular una cuarta vía de solución para el conflicto” afirma por su parte el doctor Majdubi Hosein en un trabajo publicado en el periódico digital Alif.post. Una solución mediana entre la propuesta autonómica marroquí y la independentista saharaui. Para el autor de esta tesis, es posible encontrarla en una federación o confederación, algo que asemeje a un “Estado asociado” del Sahara Occidental con Marruecos. Majdubi Hosein sugiere que al “Grupo de amigos del Sahara Occidental”, compuesto por EEUU, Francia, Gran Bretaña, España y Rusia, se le sumen otros países como Turquía y Brasil, así como organizaciones internacionales interesadas en la solución del conflicto como la Liga Arabe y la Unión Europea. “Se trata de crear un laboratorio de ideas para buscar una solución definitiva al conflicto que perdura desde hace 37 años. Y eso es posible”, concluye.
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