29 de enero de 2020, 4:00:32
Cultura

Crítica de arte


[i]Antología de Gervasio Sánchez[/i]


Aunque las exposiciones son para disfrutar de un buen momento, la antología de Gervasio Sánchez que se puede ver en la Tabacalera de Madrid inquieta por la dureza de las imágenes captadas por el fotoperiodista durante 25 años de trayectoria. Pasear por los pasillos de esta antigua fábrica de tabacos, de paredes descascarilladas, suelos irregulares y rincones oscuros, al tiempo que se contemplan instantáneas de las que emanan dolor, desesperanza o crueldad invita al visitante a tomar aire de vez en cuando para sobrellevar un recorrido francamente duro en el que es posible constatar la maldad del ser humano por si alguien todavía no se había percatado. Galería de fotos.


La antología de Gervasio Sánchez que acoge el antiguo edificio de la Tabacalera de Madrid hasta el 6 de junio es un canto a la maldad del ser humano. Contemplar las 148 fotografías reunidas en la exposición dedicada a 25 años de trayectoria de este reconocido fotoperiodista supone para el visitante una experiencia nada fácil de afrontar.

Aunque estamos acostumbrados a visitar exposiciones como entretenimiento y disfrute para los sentidos, la de Gervasio Sánchez tiene todos los ingredientes para despertar admiración y angustia por partes iguales. Así como uno se percata de la valía de Sánchez como fotógrafo especializado en conflictos, también lo hace de la sensación que se desprende de sus instantáneas, de las que emanan dolor, dramatismo y crueldad. No sería justo destacar sólo ese punto de vista, ya que su cámara ha sabido captar al mismo tiempo un halo de esperanza en la recuperación de quienes han sufrido o en su adaptación forzosa a una nueva vida marcada por una mutilación. Él mismo explica lo que siente en una de las cartelas de la muestra: “Los desastres de las guerras te vuelven pesimista, taciturno y extremadamente crítico con lo que te rodea. El contacto con las víctimas y su lucha por la separación y la dignidad, en cambio, refuerza la confianza en la mejor del comportamiento humano en el futuro”.

Febrero 1997. Sofía a los 14/19/24 años. Febrero 2002. Febrero 2007. Gervasio Sánchez


América Latina, los Balcanes, África y Asia han sido los escenarios donde Sánchez ha llevado a cabo su particular investigación sobre la forma de actuar del ser humano, ya que conviene tener en cuenta que las fotografías reunidas en esta exposición no retratan los estragos de una tragedia acaecida por un desastre de la naturaleza, sino por la acción del hombre en forma de guerras, minas antipersona, pobreza u opresión.

Otra sensación que también se desprende es la constancia de que quien sufre en Colombia o en Nicaragua lo hace en los mismos términos que quien vive en Angola o Sierra Leona. Así, rostros desencajados, piernas amputadas, gente que huye, sangre, militares o armas están presentes en imágenes captadas en uno u otro continente. Mismo sufrimiento, distinta cara.

Dado que la barbarie es selectiva, ya que ese tipo de crueldad no afecta a escenarios como Europa o Estados Unidos, contemplar de una vez 148 fotografías de extrema dureza hace temblar los cimientos de nuestra acomodada vida. Es precisamente por eso por lo que visitar esta muestra resulta útil para despertar de nuestro letargo y reflexionar sobre a qué llamamos sufrimiento, es decir, preguntarse si acaso no estaremos haciendo un uso banal del término.

Niñas tras cristal coche. Bosnia. Guerra de los Balcanes. Marzo 1994. Gervasio Sánchez


Gervasio Sánchez demuestra en esta antología el buen uso que ha sabido darle a las instantáneas en blanco y negro que, pese a que pueden restar dramatismo a una escena al evitar el rojo intenso de la sangre que emana de un cadáver, este recurso fotográfico no hace sino dotar a sus fotografías de una connotación artística que, curiosamente, no es tan fácil de encontrar a través del color. Es lo que se percibe en tres de las instantáneas captadas en su viaje a los Balcanes: Cuatro niñas miran desde el interior de una furgoneta destrozada, en la que los rostros de las niñas tienen una gran profundidad psicológica, Un niño mira por la ventana, que recuerda a un retrato pictórico, o Dos niñas refugiadas albanokosovares miran desde el interior de un carromato.

Antes de llegar al espacio de la exposición dedicado a sus estancias en África y a una serie de instantáneas sobre desaparecidos, conviene fijarse en la fotografía titulada Un joven herido víctima de la explosión de un proyectil de mortero, captada en Sarajevo en 1992, en la que el susodicho mira directamente a la cámara de Gervasio Sánchez haciendo partícipe al fotoperiodista del momento, es decir, transformando su presencia en real, no figurada. Sorprenderá, igualmente, la imagen Un hombre fuma junto al cadáver de un joven muerto por un disparo de un francotirador, que deja constancia de la normalidad de la muerte en ciertos escenarios. Angustioso.

Mujeres en paso fronterizo. Kosovo. Abril 1999. Gervasio Sánchez.


Seis proyecciones salpicadas por la exposición completan el recorrido, que incluye también cuatro paneles con instantáneas que muestran a mujeres y hombres con fotos de desaparecidos en España, Perú, Colombia o Argentina, víctimas de amputaciones en Sierra Leona, niños soldados de este mismo país y víctimas de minas antipersona.

La serie titulada Vidas minadas, que le ha llevado a este fotoperiodista doce años de dedicación en varios países africanos, desde 1997 a 2005, reúne algunas de las instantáneas más importantes en su trayectoria. Está la que compara el tamaño de una mano con el de una de las minas que, al estallar, priva de ella a quien las toca; la que congela el momento en el que un hombre acaba de ser víctima de una de ellas; la que retrata el dolor de un niño en fase de recuperación en un hospital; y la que muestra las prótesis de piernas con zapatillas de marcas europeas. Pero no todo es sufrimiento. Algunas de ellas dejan constancia del proceso de adaptación de las víctimas de estas minas. Así, es posible verlos jugar, trabajar o disfrutar de hijos engendrados tras el accidente.

Niñas agonizan en orfanato Nyundo, África. Julio 1994. Gervasio Sánchez.


En Desaparecidos, el título en el que engloba las fotografías que ha captado entre 1998 y 2010, Gervasio Sánchez se hace eco del drama de quienes faltan y de los olvidados. No es, sin embargo, fácil retratar al que ya no está, por eso se hace especialmente duro ver las imágenes en las que muestra almacenes con bolsas llenas de restos humanos, cajas de embalaje con el mismo contenido que recuerdan a las de una mudanza, o esqueletos dispuestos sobre mesas, en las que unas manos se afanan por encajar las piezas como si de un puzle se tratara.

Un último apunte. Probablemente no había un espacio mejor para ubicar la antología de Gervasio Sánchez que el espacio desangelado de la Tabacalera, en el que las paredes desconchadas, el suelo irregular y su aspecto abandonado suman puntos a una exposición indispensable en la oferta cultural madrileña.

Información sobre la exposición:

Lugar: Tabacalera, Madrid.

Fechas: del 6 de marzo al 10 de junio.

Horario: de martes a viernes de 12:00 a 20:00 horas / sábados, domingos y festivos: de 11:00 a 20:00 horas / lunes cerrado

Entrada: gratuita
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