13 de diciembre de 2019, 2:46:01
Opinion


La otra cara de la guerra de las Malvinas





Se acerca el 30 aniversario de la guerra de las Malvinas, un conflicto armado que enfrentó a Argentina y al Reino Unido por la soberanía del las islas del Atlántico Sur, bajo control británico desde 1833. Una guerra que ganó el gobierno de Margareth Thatcher y precipitó el colapso de la dictadura de la Junta Militar de Jorge Rafael Videla, Roberto Viola y Leopoldo Galtieri.

Este enfrentamiento que duró 72 días y se cobró la vida de 905 soldados, resultó ser una lucha de egos entre una dictadura militar represiva en decadencia y una Dama de Hierro que afrontaba sus horas más bajas. Si bien la victoria en las Falklans le vino como anillo al dedo a la Thatcher, no se puede decir lo mismo de los argentinos que perdieron la guerra y a 650 hombres en las gélidas aguas atlánticas. Sin embargo la vergüenza histórica que sufre la nación austral no vino precisamente de su incapacidad militar para recuperar al que consideran su archipiélago, sino de lo que silenciaron las trincheras.

Miles de jóvenes sin entrenamiento militar y muchos de ellos analfabetos fueron utilizados como carne de cañón en un delirio nacionalista propio de regímenes totalitarios. Soldados de 18 y 21 años sin experiencia alguna se vieron las caras con la poderosa armada inglesa. Pero no conforme con ello, la brutalidad de la dictadura en vez de ensalzar a sus soldados en la gloria y el honor por prestar servicio a la patria, se dedicó a llevar al campo de batalla las tácticas abusivas y vejatorias de los centros de detención clandestinos.

Más de un centenar de soldados a quienes el Estado aún no reconoce su condición de veteranos de guerra, han denunciado haber sido objeto de torturas por parte de sus superiores mientras combatían en las Malvinas. Unos 80 oficiales y suboficiales están imputados en actos lascivos contra sus subalternos, que se encuentran archivados en una cadena de relatos atroces que buscan ser reconocidos por la Corte Suprema como crímenes de lesa humanidad.

Mientras algunos británicos recordarán la guerra del Atlántico Sur como la “coronación” de la Thatcher como una de las mujeres fuertes de la política internacional, muchos argentinos no lloraran la derrota bélica, si no las vergonzosas y dolorosas heridas dejadas por la dictadura.



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