21 de noviembre de 2019, 15:34:53
Nacional

ciclo Las Noches del Real


Las Noches del Real: Rafael Frübeck de Burgos dirige la quinta de Beethoven


Rafael Frübeck de Burgos dirigió anoche por primera vez en el nuevo Teatro Real dentro del ciclo Las Noches del Real, con un programa protagonizado por la obra más famosa de Beethoven, la Sinfonía nº5 en Do menor, op.67.


En un entorno poco habitual en el coliseo madrileño, que este sábado exhibía las inequívocas señales del éxodo de Semana Santa, el maestro Frübeck de Burgos se puso al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, Orquesta Sinfónica de Madrid, para ofrecer al público madrileño una velada cargada de esas notas que llegan al corazón con la misma intensidad con la que son recibidas por los oídos. Y el destino parecía ser el leitmotiv, buscado o no, del bello recital que tuvo como colofón la sinfonía más popular de Beethoven, la Quinta, alumbrada por el genial compositor alemán entre 1804 y 1807, y estrenada en Viena el 22 de diciembre de 1808.

La primera parte del concierto se centró en la figura de otro de los grandes: Johannes Brahms. Empezando por la Brahms Fanfare, del propio Frübeck de Burgos sobre temas de la Sinfonía nº 4, para ofrecer a continuación tres piezas del compositor de Hamburgo con poemas de Friedrich Hölderlin, de Schiller y de Goethe. El Coro Nacional de España, dirigido por Joan Cabero, comenzó con Nänie, op. 82., un bello texto de Schiller de conmovedoras notas compuesta en 1880 para coro mixto a cuatro voces y que le fue inspirada a Brahms por la muerte prematura de su amigo el pintor neoclásico Anselm Feuerbach. A esta melancólica oda a la muerte, en la que destaca la dulzura de los acordes, le siguió el poderoso Canto de las parcas, con texto de Goethe, estrenado en Basilea el 8 de diciembre de 1882 bajo la dirección del propio autor y con un éxito tan notable que tuvo que programarse otra vez para después de Año Nuevo. Finalizó la primera parte con el Canto del destino, que recoge el mismo espíritu de las anteriores piezas y su inspiración surge del pensamiento antiguo en relación al destino. La pieza, con texto de Hölderlin, trata de los eternos contrastes entre la vida y la muerte: “Sin destino, como el bebé dormido, respiran los seres celestiales” y su música está cargada de notas espirituales que rozan lo existencial.

Después del entreacto, la sinfonía nº5 de Beethoven traía más dosis de destino. Con frecuencia, a esta genial composición se le ha dado el nombre de “Poema del Destino” o “La Llamada del Destino” como consecuencia de una anécdota referida por Schindler, el secretario de Beethoven. Contaba que un día preguntó al maestro por el significado de las famosísimas notas que dan inicio a la obra y que este le respondió: “Así llama el destino a la puerta”. Aunque todo parece indicar que se trataba de una de las habituales bromas que el compositor gastaba a su secretario, no resulta tan extraño imaginar que sea de esa forma tan especial como suene en la puerta la llamada del destino. Y anoche, la Quinta terminó como siempre debería de terminar una gran sinfonía: con el público puesto en pie aplaudiendo y agradeciendo con aclamaciones de “bravo” el buen hacer de un veterano maestro que lleva décadas recorriendo los grandes teatros del mundo y recibiendo merecidos galardones, como la Medalla de Oro de la Sociedad Gustav Mahler o la Medalla de Oro de las Bellas Artes.
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