17 de octubre de 2019, 12:20:30
Opinion


Ballenas en peligro o la deriva del PSE

Demetrio Castro



Intriga a los naturalistas el comportamiento literalmente suicida de las manadas de cetáceos que van a dejarse morir varados en playas o aguas poco profundas. Entre las diferentes hipótesis aducidas para explicar el fenómeno, desde perturbaciones en el sentido de la orientación por factores ambientales como la contaminación química y acústica de las aguas o (no podía faltar) por el “calentamiento global”, a mutaciones genéticas, muchos etólogos se inclinan por subrayar las pautas sociales de esos mamíferos. La estrecha asociación en los grupos llevaría a intentar socorrer o acompañar al congénere que temerariamente se mete en problemas, pereciendo todos con él. O también a una ciega adhesión a los individuos líderes que, extraviados por cualquier motivo, llevan a la muerte a los demás incapaces de advertir que quien debiera tutelarlos y orientarlos les arrastra a su acabamiento. Si las metáforas etológicas ilustran algo en los comportamientos políticos, el caso de los cetáceos extraviados por sus dirigentes viene como anillo al dedo para la deriva del PSE en los últimos tiempos.

Sus personalidades más destacadas, el presidente del gobierno autonómico, López, y el del partido, Eguiguren, van a velocidad de crucero hacia aguas políticas de las que difícilmente saldrán indemnes, arrastrando tras ellos a un partido perplejo y a unos votantes desconcertados, muchos de los cuales han optado ya por nadar por su cuenta antes de verse chapoteando en charcos donde se mueven con soltura los nacionalistas, sobre todo los de métodos brutales. De las dos almas o dos naturalezas que se dice que el PSE tiene, una filonacionalista y segregadora, otra respetuosa y consecuente con las exigencias de la historia, la razón y la constitución, la primera parece haber prevalecido. Ellos lo explican, asimilando el léxico y los argumentos de quienes se suponía enemigos, por la necesidad de resolver “el conflicto” a satisfacción de quienes son el conflicto; y también como astuta jugada para, no queriendo ver que el rey va desnudo, es decir que los radicales no quieren dejar de serlo sino sólo dejar de parecerlo, comprarles la mercancía de su morigeración para succionarles electorado e incluso gobernar conjuntamente. No da la impresión de que se hayan enterado muy bien de cómo les ha ido a sus correligionarios del PSC haciendo causa común con los nacionalistas frenéticos de ERC y lo que les puede costar volver a tocar pelo.

Así se explica la profusión de agravios a quienes más directamente han sufrido los efectos del nacionalismo terrorista y la obsequiosidad con quienes jalearon a los asesinos, aclamaron sus métodos y no han dado la menor prueba verosímil de no estar dispuestos a volverlo a hacer si les conviene. La equidistancia queriéndose no ya situar por encima del bien y del mal sino borrando los límites que separan lo uno de lo otro y confundiéndolos, es además de inmoral, algo que probablemente importa poco a los machos alfa y machos beta del socialismo vasco, también nocivo para sus intereses y eso podría interesarles más. No parece, sin embargo, que sean conscientes de ello a juzgar por los poco equívocos gestos que hacen para promocionar al recluso Otegui como candidato a las próximas elecciones, visitas a la cárcel incluidas, probablemente no para ver si el penado está contrito y en condiciones de reinsertarse. La cuestión no es que, a la vista de los supuestos sobre extinción de condena aún pendientes y las accesorias de inhabilitación que sólo previo indulto podrían eludirse, resulte difícil que el tal Otegui esté en condiciones de ser candidato en las próximas elecciones autonómicas, sino que se de pábulo, también desde el PSE, a que pueda serlo alguien como él.

Una de las resoluciones de los acuerdos de Potsdam fue la política de Entnazifizierung o desnazificación aplicada en la Alemania derrotada. Cada potencia vencedora la administró de manera independiente con métodos distintos y no siempre prudentes y equilibrados, pero vista globalmente aquella política parece de necesidad ineludible en una sociedad con amplios sectores poco o nada conscientes de las atrocidades que había amparado y muchos de sus miembros habían perpetrado. A quienes más graves y directas responsabilidades tuvieron, clasificados como Hauptschuldigen o culpables principales, además de las condenas penales que se les impusieron, se les vedó toda participación en la administración y la vida política entendiendo que por su conducta y sus ideas constituían un peligro para el desarrollo de una democracia débil en una sociedad traumatizada. Y aunque lo cosa no es, desde luego, igual ni se trata de tomar al pie de la letra la analogía, tampoco es tan distinta como para no pensar que cierta desnazificación o desbatasunización sería muy beneficiosa para la causa de la libertad en el País Vasco, ya que no por la ley sí por los comportamientos políticos y el repudio social. Empezando, por ejemplo, por dejar claro que un Hauptschuldige no puede optar a ciertas funciones públicas ni recibir muestras de complicidad de ningún tipo. Parece imposible imaginar a cualquier dirigente regional del SPD haciendo visitas de cortesía a un Hauptschuldige para echarle una mano en su campaña de promoción, y si lo hiciera seguro que los demás cetáceos le dejarían vararse solo. Habrá que ver si además de las dos naturalezas que se le atribuyen el PSE tiene otra más; de cetáceo.
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