8 de diciembre de 2019, 15:24:13
Opinion


¿Monti se parece a Margaret Thatcher?

Andrea Donofrio


En un artículo titulado “Monti pulls Thatcher”, publicado hace unos días por The Wall Street Journal, se comparaba al actual primer Ministro italiano, Mario Monti, con la Dama de hierro británica, Margaret Thacther. Según el periódico estadounidense, al igual que la Tatcher, Monti tiene el papel de reformar Italia y revolucionar el mundo del trabajo. Asimismo, el mandatario tiene la “rara oportunidad de educar a los italianos respecto a las consecuencias de oponerse a las reformas”. La comparación ha provocado un intenso debate en Italia, ya que, para algunos se trata de una similitud halagadora, mientras que para otros, es una ofensa.

Hasta la fecha, el Gobierno Monti, elogiado y temido fuera de Italia por su posible poder de emulación, ha contado con el apoyo de los partidos políticos, al ser considerado como una solución necesaria para enfrentarse a la crisis ante la incapacidad del anterior Gobierno. No obstante, parece que su éxito se debe más a lo que representa y propone que a lo que ha llevado a cabo. Ante la frivolidad e irresponsabilidad de Berlusconi, Monti parece una persona seria y creíble, con un claro proyecto político, condición esa que tranquiliza a los mercados y alarma a los sindicatos. Monti es un hombre práctico, pragmático, animado por reformar profundamente la sociedad italiana y corregir algunas de sus disfunciones endémicas. Evidentemente, se trata de una tarea no fácil y que requiere el apoyo y la aceptación de gran parte de la sociedad civil.

Respecto a la Thatcher, el mandato de Monti se perfila mas corto a menos que decida presentarse a las elecciones de 2013. Por eso, para finalizar su programa deberá doblar sus esfuerzos, aprobando una reforma radical en un lapso de tiempo limitado. Mientras la Dama de hierro pudo aplicar sus cambios en una década, Monti, el Profesor de hierro, actúa contrarreloj y por eso repite: “no tenemos demasiado tiempo”.

Pero por otro lado cuenta con una ventaja: el apoyo casi incondicional de las fuerzas políticas nacionales, preocupadas ante la posibilidad de una crisis política. El mismo Monti bien lo sabe y de vez en cuando los amenaza: “Si el país no está listo para que hagamos las reformas, el gobierno puede marcharse”; una dramatización que parece servir para convencer a la opinión pública de la necesidad de apoyarle. La mayor fuerza de Monti reside en el hecho de que ningún partido parec ni interesadoe interesado ni dispuesto a forzar las elecciones. En virtud de esto, se están proponiendo medidas liberalizadoras que encuentran la "oposición de muchos", pero no el rechazo general. A diferencia de la Thatcher que decidió enfrentarse duramente a los sindicatos (los mineros del carbón sobre todo), Monti ataca los privilegios de las diferentes castas: como se dice en Italia, “prefiere ser odiado un poco por mucha gente, que mucho por uno o dos grupos”.

Como en otros países, el nudo gordiano es la reforma del trabajo, donde el Primer Ministro quiere introducir una serie de cambios de gran calado, unas medidas muy controvertidas y que, con toda probabilidad, encontrarán la oposición de los sindicatos italianos. No obstante, las posibilidades de que alcanzen un acuerdo, aumentan cada día.

El interés mundial entorno a la figura de Monti se explica por una parte por la ausencia, a nivel mundial, de lideres carismáticos o políticos creíbles. Por otro lado, el economista italiano resulta una figura que inspira confianza, parece honrado y, sobre todo, competente. Ante una crisis tan grave y profunda, los italianos -y los europeos en general- prefieren un tecnócrata, un personaje menos ideológico y mas competente. Los temas económicos son los que mas interesan a los italianos y apoyan -aunque a veces con recelo- a un personaje que puede resolver el problema, frente a otro que lucha por su supervivencia política y por la tutela de sus intereses personales. Esto explica porque los italianos siguen apoyando globalmente a Monti aunque crezca el malestar, la intolerancia hacia la austeridad y las medidas que "quitan" la protección del trabajo. Un apoyo popular que encuentra su explicación también en el descrédito del anterior Gobierno, el desprecio por la Casta.

Monti debe evitar que el profundo estancamiento de la economía influya en la política, realizando los cambios que Italia necesita. Debe lograr rescatar la confianza de los mercados y sanear la economía del país, así como abordar una serie de reformas. El profesor debe enfrentarse a una “batalla” dura e importante tanto para Italia como par Europa entera. Y mientras algunos medios le comparan con Margarety Thatcher, otros le etiquetan de Kim Jong-Il, el Querido Líder de Corea del Norte, Monti debe seguir su proprio camino y restituir la crediblidad y el crecimiento de Italia.
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