26 de enero de 2021, 2:52:46
Opinión


¿La feria de "[i]El Cid[/i]"?

Joaquín Albaicín


Sin vocación de empadronamiento definitivo, y desde luego que no por razones fiscales, que es lo que me gustaría, he fijado desde hace unos meses mi residencia en el Pacífico. No obstante, en Semana Santa pude dejarme caer al ralentí por Sevilla, donde, a resguardo del aguacero, ya se comentaban los carteles de abril. Este año será “Volapié Copas” –antiguo “Malabar”, calle Betis casi esquina a la Plaza de Cuba- una de las principales barras donde la afición se acodará a ver bastantes corridas por el “Plus”. Allí coincidimos -paraguas cerrado en mano y elegantes como dos ejecutivos de paseo por Saville Row- con Manuel Alcantarilla y Pedro Machuca, algo así como el dúplex que corona el edificio de la Hermandad del Rocío de Triana. Pero Alcantarilla y Machuca son más cofrades que taurinos, raramente te hablan de “El Juli” o Aparicio, tiran más hacia el tamboril, las marismas y las solemnidades eclesiásticas, no digamos en las fechas de autos, así que la copa nos la tomamos con Manolo Tornay, que sí salpica con hierros, ternos y estoques su charla.

Siento, claro, que ni Aparicio ni “El Juli” figuren este año en el abono de Sevilla, donde, si mis obligaciones isleñas me lo permiten, me haré presente, por supuesto, la tarde en que romperán filas Oliva Soto y Diego Silveti. También tengo previsto materializarme en la de Cayetano. Y atesoro asimismo fe en esa otra en la que, sobre el albero, medirán sus procederes, sapiencias y ases en la manga “El Cid”, Talavante y Castella.

Porque, si –indiferente siempre a las previsiones de los entendidos- espero que este San Isidro sea el San Isidro de Aparicio, al ver a Manolo Tornay me acordé de que también me ha dado por que esta puede ser la Feria de Abril de “El Cid”, que es su poderdante y viene de hacer una gran temporada americana. No soy de los que llevan la cuenta de esas cosas, pero creo no errar si escribo que, de no haber sido por su esquiva suerte con los aceros, “El Cid” sería uno de los toreros que más puertas grandes madrileñas habrían cosechado en la historia. Torero con sello propio, torero de acentos, torero con vibración taurina, torero al que nadie ha regalado nada, torero sin hojarasca… Torero, en fin, portador de virtudes lidiadoras que entran en docena en mis gustos, deslumbró a los tendidos venteños cuando, en un tiempo en que casi todo el escalafón resolvía la papeleta con dos y el de pecho, él engarzaba –con la izquierda- cuatro, cinco, seis y hasta siete antes del de cierre… Una faena suya en los medios a un toro de El Pilar, veinticuatro horas después de haber compartido la gloria con César Rincón ante los “alcurrucenes”, ha quedado esculpida en mi memoria de aficionado.

Yo no sé si siempre cualesquier tiempo pasado fue mejor. Sí que, en la línea de los astros de ayer, que buscaban –y no evitaban- las plazas fundamentales, “El Cid”, integrante indiscutible de la cúpula del toreo de hogaño, no falta a ninguna de las principales ferias. Y, pudiendo torear –y toreando, claro- lo más cómodo del campo bravo, se sigue entreteniendo no pocas veces en encerrarse en solitario con seis toros o estoquear una de Victorino. Ya sólo eso le convierte en una referencia crucial entre los jerarcas de la torería.

Tengo, en fin, ganas de ver pegar seis o siete naturales de los de su cosecha al “Cid”. Porque eso es lo que a mí me quita las penas, como a otros se las espantan el bingo o el golf. Así que haré lo que pueda por abandonar, siquiera sea brevemente, este retiro mío en Ultramar para tomar asiento en el tendido, en Sevilla, las tardes antedichas. Y más de una del resto del abono la disfrutaré, claro, en “Volapié Copas”, donde se ven los toros que ni en barrera… y siempre en grata y conveniente compañía.
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