21 de enero de 2021, 15:49:43
Opinión


Pero ¿a quién están sancionando los mercados?

José Eugenio Soriano García


En una situación dramática en el plano económico (mejor no hablemos de otra cosa) en que, reforma tras reforma, el Gobierno pretende ser el primero de la clase en Europa, haciendo o creyendo hacer lo que los mercados demandan, la gran cuestión que aparece detrás del castigo diario que nos muestra el enorme diferencial de la deuda con Alemania, creo que es la de saber por qué se nos sanciona y en consecuencia, a quien se sanciona.

Porque el Gobierno hace lo que puede, pero puede solo lo que hace, poco más. El Gobierno no es un Dios omnipotente, omnipresente, omnisciente. Ni lo sabe todo, ni tiene toda la información, ni lo puede todo, ni, finalmente, es el responsable de todo. No. Hay mucho que hacer desde luego, en el aparato gubernamental, pero, me parece, mucho más todavía que hacer en la propia sociedad.

Es evidente que el Gobierno puede hacer cosas, insistimos. Por de pronto, poner en orden su propia casa, para lo cual, tiene que examinar si los efectivos que dispone (funcionarios y empleados públicos) son los que necesita o le sobran a raudales y en tal caso, adoptar las medidas necesarias: recolocación de decenas de funcionarios que sobran (¿tiene sentido, por poner un ejemplo entre otros cientos que podrían aducirse, que un Secretario de Estado tenga 4 secretarias que además se turnan para no trabajar los viernes de dos en dos logrando así sumar 25 días de vacaciones estratégicas – los viernes puentean con sábados – y sumarles varios días – 5, 6, 10…- de “moscosos” haciendo un total de dos meses de vacaciones?), aplicar el Estatuto de Empleo Público y rescindir contratos que sobren de los empleados que no puedan justificar realmente su trabajo; enfrentarse ya, lo ha empezado apenas a hacer, con el despilfarro autonómico, con su déficit y deuda enloquecida, en fin, tarea como tal, no le falta. Y habrá que perseverar, muy especialmente en todo lo que hace al gasto público tan enloquecido, irresponsable e injustificado (aeropuertos que no sirven, AVEs cancelados por falta de demanda que nunca se llegó a estudiar seriamente y que se “inventó” para hacer la obra de turno que ahora contemplamos totalmente desmoronada, acción exterior inútil consistente en puro gasto para subvencionar gastos que no sirven para nada y que en muchas ocasiones se traducen en edificios que se están derrumbando). Una severa auditoría pondría de manifiesto el despilfarro enloquecido de nuestros representantes políticos, que no han tenido vocación de servicio sino de poder, esto es, tener presupuesto para colocar a quien quisieran y mantenerse ahí, por ejemplo, con la Alianza de Civilizaciones que se ha reducido pero no acabado, etc, etc, o el enloquecido número de Universidades y profesores, superiores por ejemplo en muchos dígitos al Reino Unido y, sin embargo, en la cola de todos los rangos internacionales de calidad.

Pero junto con ello, es la sociedad realmente la que debe reformarse e innovarse. No puede ser que sigamos de fiesta unos y trabajando hasta la extenuación otros. Tanto puente, tanta procesión, feria, Rocío, semana santa, puentes que son acueductos. En fin, es la sociedad la que tiene que enmendarse en primer lugar. Y esto es lo más difícil de todo, porque es una actitud cultural, casi de civilización. En nuestro país, la mitad de la gente vive a costa de la otra mitad. Unos se matan a trabajar hasta las tantas y otros los consideran tontos. Esta situación es la que exige enmienda y reflexión. Porque mientras sigamos siendo pícaros unos y esforzados otros, la mezcla de D. Quijote con Sancho, como agua y aceite no se dará bien y no logrará buenos resultados

Pero ¿qué hay que hacer para ello? Esa es la gran pregunta a responder tras meditarla profundamente.
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