7 de diciembre de 2019, 1:25:54
Opinion


La excepcionalidad de los Presupuestos



El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, defendía ayer martes los Presupuestos Generales del Estado, sabedor de que son “austeros, difíciles y realistas”. Los tildó igualmente de “excepcionales”, pues excepcional -por su gravedad- es la situación de la economía española. Casualmente, este debate tenía lugar en la Cámara Baja coincidiendo con un dato que ya se sabía: Bruselas confirmaba que el déficit heredado del anterior ejecutivo no es del 6 por ciento, como aseguraban los socialistas, sino del 8,5.

En base a ello, las cuentas públicas han de ser forzosamente duras y poco amables. No hay atajos ni otras vías posibles que no sean las de llevar a cabo ajustes a todos los niveles, sin excepción. Sanidad y educación son las áreas más sensibles; de ahí que la izquierda las haya convertido en su ariete para cargar contra un Gobierno que precisa de más ayuda de la que recibe. Efectivamente, en una tesitura como la actual toca dejar a un lado demagogias y partidismos para, entre todos, sacar a España del atolladero en el que está. Para 2013 el déficit ha de quedar reducido al 3 por ciento, cantidad inalcanzable a día de hoy. Pero por difícil que sea el reto, no es tiempo de pedir el relax de objetivos presupuestarios -como piden irresponsablemente PSOE e IU-, sino un esfuerzo extra para su consecución. De ahí la importancia de unos presupuestos casi de salvación nacional.

El único pero es la manera casi vergonzante que tiene este Gobierno de presentar la cruda realidad: hay que llamar a las cosas por su nombre por descarnado que sea. Y con la cabeza bien alta; para que quede claro –como hace algunos días- dijo Luis de Guindos que la alternativa es mucho peor. Es la mejor manera de tener credibilidad y trasmitir seguridad para que los mercados nos presten el dinero que necesitamos a tipos digeribles.
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