13 de diciembre de 2019, 23:58:32
Opinion


Algo huele a podrido en Euskadi

Antonio Hualde


Día sí día también nos desayunamos con algún guiño -más o menos sutil- de la clase política hacia el mundo de ETA; y más que veremos a lo largo de este año. Según el último Euskobarómetro, si hoy hubiese elecciones en Euskadi se produciría un empate técnico entre Amaiur y el PNV, o lo que es lo mismo, el brazo político de ETA y el partido de Arzallus y Eguíbar. Falta un año todavía para que los vascos concurran a las urnas aunque, a tenor de lo expuesto anteriormente, pintan bastos en lo que a decencia se refiere.

El terrorismo, afortunadamente, ya no es uno de los problemas que más preocupa a los españoles; ha sido desbancado por la crisis. ETA no mata, pero no por falta de ganas, sino porque no puede. Este hecho, bueno en sí mismo, parece sin embargo haberle ablandado las meninges a más de uno. El PNV le baila el agua a Amaiur cuanto puede y más. Otro tanto cabe decir, aunque de un modo más discreto, del PSE; e incluso el pasado verano pudo verse a concejales del PP abrazados a sus “colegas” proetarras en la Aste Nagusia. Partido éste, el popular, del que se fueron dos auténticos referentes morales como José Ortega Lara y María San Gil, y otros como Carlos Iturgáiz o Jaime Mayor Oreja están relegados a un segundo plano.

Nuevos tiempos. La izquierda abertzale no hace ya los discursos incendiarios de antaño, eso es cierto. Como también lo es que las referencias al “conflicto político entre Euskal Herría y los estados español y francés” siguen siendo una constante en sus declaraciones, así como la calificación de “presos políticos” a los terroristas que cumplen condena. Tampoco Arzallus, Eguíbar y el PNV en su inmensa mayoría han abandonado sus postulados. Lindezas del estilo “no creemos que sea bueno para Euskal Herria que ETA sea derrotada” o “los presos de ETA no son delincuentes porque no matan para enriquecerse, ni para beneficiarse personalmente, sino por un ideal político” -Arzallus dixit- aún pueden oírse en cualquier baztoki.

¿Nuevos tiempos? Ojalá. Hoy la gente apenas habla ya de estas cosas, y eso es una excelente noticia. Significa que la sociedad española quiere pasar definitivamente una de las páginas más dolorosas de su historia. Ahora bien, no debería de hacerlo a costa de las casi mil familias que ha visto perder la vida de sus seres queridos a manos de la barbarie nacionalista. La más mínima concesión al entorno terrorista sería legitimar el asesinato como forma de conseguir lo que se desea. El nexo en común que une a narcotraficantes, pederastas y etarras es que todos ellos son delincuentes. Ahora resulta que el brazo político de esos delincuentes podría ganar las próximas elecciones autonómicas en Euskadi. Si eso fuera así, la degradación moral de la sociedad vasca habría alcanzado una cota de indignidad difícil de imaginar. ¿Evitable? Ojalá.
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