11 de noviembre de 2019, 23:30:31
Mundo

primavera árabe


Una visión crítica de la errática diplomacia española


El hispanista marroquí El Houssine Majdoubi publica Revolución por la dignidad en el mundo árabe. Por Pedro Canales


La diplomacia española no ha entendido la profundidad de las revoluciones democráticas que sacuden el Mundo Árabe desde el Atlántico hasta el Golfo, y arriesga con perder una oportunidad histórica de situarse en el lugar privilegiado que le corresponde por su historia, y seguir a la zaga de una Europa preocupada más por sus intereses que por la defensa de la democracia y la libertad.

Es una de las lecciones que se desprende de la lectura del primer libro publicado en español (Editorial Icaria) por el hispanista marroquí El Houssine Majdoubi bajo el título Revolución por la dignidad en el mundo árabe y que relata de manera pormenorizada el desarrollo de la llamada “primavera árabe” y su encadenamiento partiendo de Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen, como primera fase que ha sacudido las “repúblicas dictatoriales” y siguiendo por las monarquías absolutistas de Jordania, Bahrein, Arabia Saudita y Marruecos.

Para el autor, el sacudimiento profundo que han experimentado las repúblicas árabes en las que el pueblo en las calles ha conseguido derrocar a los dictadores, Zine Ben Ali, Hosni Mubarak y Muamar Gadafi, seguirá inevitablemente en las otras repúblicas vecinas que conocen ya los primeros síntomas de la tempestad: Argelia, Mauritania, Líbano, Iraq y Sudán.

Pero donde el análisis del doctor Majdoubi es quizás más pertinente es en la afirmación de que las monarquías no van a escapar a este “búsqueda de la dignidad”, que el autor denomina “renacimiento del mundo árabe”. Porque las monarquías desde Marruecos hasta el Golfo, no constituyen ninguna “excepción”.

“El libro parte de cuatro ángulos principales para ofrecernos una visión precisa de las circunstancias y factores quie hicieron estallar estas revueltas”, sostiene Mulay Hicham ben Abdalá, primo del rey Mohamed VI de Marruecos, que firma el prefacio al libro.

El primer ángulo es considerar las revueltas como un “renacimiento árabe” que va más allá del concepto de revolución porque implica además de un cambio en el poder, también en la sociedad, la cultura y la sicología de las sociedades árabes.

En segundo lugar el autor advierte que “la consecución de un salto cualitativo requiere un tiempo suficiente para su materialización”, lo que proporciona una visión más serena y de perspectiva, y no la búsqueda del cambio inmediato.

Como tercer ángulo orientativo, Mulay Hicham apunta al hecho de que “va surgiendo una nueva conciencias que asimila la diversidad y la pluralidad y que permite la diferencia y la divergencia para convertirlas en cualidades culturales y políticas”. Un ángulo éste esencial para comprender el alcance de la unidad de musulmanes y coptos en la plaza Tahrir de El Cairo; la participación de laicos e islamistas juntos en las calles de Túnez; o la de amazigues, izquierdistas, demócratas, salafistas y seguidores del jeque Yassin en el movimiento 20-F, protagonista de la primavera árabe en Marruecos.

El cuarto y último eje abre el debate sobre los futuros desafíos a que tendrán que hacer frente los ciudadanos árabes. Y pone en el centro del desafío la libertad, único vector capaz de “consolidar el ejercicio dela acción política transparente” y por lo tanto “estímulo de la creatividad”.

El autor del libro, colocándose desde una perspectiva árabe, mantiene una visión muy crítica de la política española hacia la primavera árabe. Constatando por ejemplo “la falta de previsión dela diplomacia española en el caso de Túnez, que en realidad es una prolongación del desinterés de la clase política y de la prensa en España por la política internacional”. “Ningún partido político español se pronuncio sobre la violación de los derechos humanos en un país tan cercano como Túnez, ni tampoco lo hizo el PSOE en el poder, que trato incluso de incluir al partido tunecino RND de Ben Ali en la Internacional Socialista”.

En cuanto al levantamiento popular en Egipto, que se inicio el 25 de enero de 2011, la diplomacia española esperó hasta el 11 de febrero, para dar constancia “de la madurez cívica demostrada por la ciudadanía” que obligó al dictador Mubarak a abandonar el poder. Es decir con 18 días de retraso.

Pero quizás el error más flagrante fue el cometido por el gobierno español en relación a Libia, pues aunque desde el mismo día del estallido de la revolución libia en el mes de marzo España propuso encabezar una “intervención militar humanitaria” en apoyo a los rebeldes, Madrid fue la última capital europea en reconocer al Consejo Nacional de Transición libio como “autoridad única y representativa del pueblo libio” y siguió manteniendo hasta el mes de junio el reconocimiento diplomático del régimen de Gadafi que mantenía abierta su embajada en Madrid, si bien el embajador Abdusalam Ali Breni fue rogado de abandonar el país el 15 de junio. Un error que tendrá más tarde consecuencias económicas y geopolíticas desfavorables para los intereses españoles.

El autor no pasa por alto los continuos errores de la diplomacia española en relación al país del Magreb con el que España mantiene relaciones más densas y conflictivas: Marruecos. La entonces ministra de Exteriores Trinidad Jiménez se apresuró al día siguiente del 1 de julio de 2011, fecha en la que Marruecos celebró un referéndum para aprobar una Constitución elaborada por el propio régimen en respuesta a la presión de la primavera árabe, a respaldar “la excepcionalidad marroquí”, poniendo de relieve el apoyo masivo de la población a la nueva Constitución “que augura lo mejor para el futuro de Marruecos”.

“Desgraciadamente, constata El Houssine Majdoubi, la ministra nunca tuvo en cuenta la postura del movimiento 20 de Febrero, que exige una monarquía parlamentaria” en Marruecos, similar a la existente en España. El autor recoge una citatión del director del periódico digital Demain.online en la que se ironiza con el hecho de que “la izquierda española (PSOE) compite con la derecha francesa a la hora de defender el régimen marroquí”.

Con el nuevo gobierno del presidente Mariano Rajoy, apunta el autor del libro, las cosas no parecen haber cambiado por el momento. “La orientación europeísta y atlántica de Rajoy es conocida, pero preocupa a los diplomáticos españoles que temen que España pueda perder su presencia en la orilla sur del Mediterráneo si no busca un destacado papel en los cambios que experimentan los países de la región. Un papel en el sentido de ayudar a la democracia en la zona”, concluye.

En fin, un libro Revolución por la dignidad en el mundo árabe muy oportuno para entender hacia dónde va la historia y la profundidad del renacimiento de la cultura y la sociedad árabe.

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