19 de septiembre de 2021, 1:19:00
Opinión


Por un federalismo necesario

Enrique Barón


Una seria crisis social puede acabar muy pronto con la zona euro si sus Estados miembros no emprenden una nueva etapa de integración. La crisis actual de la zona euro no comenzó con la crisis griega, sino diez años antes, con la creación de una Unión monetaria sin Unión económica, fiscal y presupuestaria. Es cierto que el endeudamiento público había aumentado sustancialmente en los últimos treinta años, pero son los desequilibrios entre los países de la zona euro los que están en la génesis de la situación actual.

Por un lado, el núcleo formado por los países septentrionales, con Alemania en cabeza, transformó su economía sobre la competitividad y la exportación. Por otro, los países de la periferia aprovecharon los bajos tipos de interés para alimentar su demanda interna orientando su economía a sectores como el inmobiliario y la construcción, menos ligados a la competencia exterior.

El estallido de la crisis griega sacó a la luz estos desafíos estructurales, creando en el sector financiero una crisis de confianza en las deudas públicas: los acreedores percibieron los límites de una zona euro con diferentes modelos de desarrollo. Los tipos de interés se dispararon, creando un efecto bola de nieve: cuando los tipos sobrepasan el crecimiento del PIB, la deuda se mantiene, excepto si los países dedican sumas que devoran sus presupuestos. Para reducir la deuda, deben aplicar drásticos planes de ajuste, con un respiro temporal por la intervención del Banco Central Europeo.

La falta de coordinación, y la lógica de intervenir caso por caso no permiten compatibilizar las exigencias de rigor y crecimiento. Además, los recortes para conseguir efectos inmediatos afectan sobre todo a los gastos sociales y las inversiones, hipotecando del futuro.

Este clima de incertidumbre sobre el porvenir frena la demanda, ya que las familias prefieren ahorrar, en previsión de futuros aumentos impositivos. Al mismo tiempo, los bancos limitan los créditos al sector privado para sanear sus balances. En esta situación, la reactivación no puede venir de la demanda o la inversión privada ni de la pública. Los países mas endeudados, se ven sometidos a un débil crecimiento, lo que agrava la carga de su deuda.

Europa no podrá salir de esta crisis sin cambiar de lógica. Si seguimos con el guión actual, el euro no tendrá la capacidad para resistir a las fuerzas centrifugas, y su desaparición será cuestión de tiempo.

Otra vía de salida es posible. Consiste en completar y adaptar el Tratado de Lisboa, en particular para superar la simple e insuficiente coordinación entre los países miembros. La labor es denunciar, reducir y progresivamente anular los costes de la no Europa.

Debemos empezar por limitar las deudas públicas de los países de la zona euro, mutual izándolas en parte, tal como ha sido propuesto por el Consejo de expertos alemanes o el Instituto Bruegel, lo cual bajaría los tipos de interés y devolvería el margen de maniobra a los países endeudados. En este proceso, se debería reforzar la cooperación entre la Comisión Europea y las haciendas nacionales en el marco de un Instituto Fiscal Europeo similar al Instituto Monetario Europeo que precedió la creación del BCE. Se trataría de un paso importante en la creación de un gobierno de la economía europea con un ministro federal de Hacienda.
Además, hay que reactivar la productividad con reformas estructurales en particular en los servicios, e invertir en proyectos generadores de crecimiento. Hay sobre la mesa proyectos a escala europea con financiación conjunta en transporte y eficacia energéticos (smart grid), transportes limpios y políticas urbanas, aeronáutica, nanotecnología, Europa digital, ciencias del conocimiento, industria... Para ponerlos en marcha, es necesario crear bonos de inversión, es decir, deuda buena en tanto que generadora de futura actividad. El BEI podría apoyar sin dificultad estos proyectos en base a las propuestas de la Comisión Europea.

Ahora bien, los inversores sólo comprarán bonos de inversión si su capital inicial no proviene de contribuciones de los países de la zona euro, porque eso agravaría su deuda. Sólo un impuesto europeo en el marco de un presupuesto federal podría dar la credibilidad suficiente a esta nueva herramienta. Se puede pensar en una aportación de un punto del IVA, el impuesto sobre el carbono o sobre las transacciones financieras.

Ningún impuesto se debe crear sin legitimidad democrática para resolver la actual crisis de confianza entre los ciudadanos y la Unión Europea. Es necesario completar el proceso con una dimensión parlamentaria: el euro no podrá sobrevivir sin una evolución política significativa El federalismo es la única vía para evitar una crisis que significaría el sacrificio de una generación entera

A partir de ya mismo, los parlamentarios europeos de los países de la zona euro deben tomar la iniciativa de reunirse en formato abierto y decidir el camino a seguir hasta las próximas elecciones: organizando una Cumbre sobre el futuro de Europa a partir de la zona euro, con delegaciones del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales, como ya se hizo en la Conferencia de 1989 que condujo al Tratado de Maastricht y al Tratado Constitucional. Este federalismo necesario daría origen a una verdadera Europa política y social, basada en instituciones que permitan equilibrar políticas presupuestarias y monetarias, estimular la actividad económica, aplicar reformas estructurales para la competitividad y reforzar la cohesión social.

La supervivencia del euro necesita un gobierno económico y un presupuesto europeo de crecimiento. Sólo el federalismo es capaz de evitar el hundimiento de la zona euro, con consecuencias desastrosas para los europeos, y de abrir el camino hacia un nuevo proyecto de sociedad justa, solidaria y democrática, proporcionando los medios para dar a la Unión su sitio en el mundo.

Romano Prodi, Enrique Barón Crespo, Pascal Lamy, Jacques Attali, Giuiliano Amato, Pascual Maragall, Emma Bonino, Jo Leinen, Daniel Cohn Bendit, Barbara Spinelli, Anna Terron, Philippe Maystadt , Yves Meny, Francisca Sauquillo, Pier Virgilio Dastoli, Evelyne Gebhardt entre otros.
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