4 de diciembre de 2021, 8:29:36
Opinión


El último recuerdo del terrorismo libio



Este pasado fin de semana fallecía en su domicilio de Trípoli Abdelbaset Alí Mohmed al Megrahi, el miembro de los servicios secretos libios condenado por el atentado de Lockerbie. En aquella acción, una de las más mortíferas que se recuerdan, los terroristas hicieron estallar el vuelo 103 de Pan Am que iba de Nueva York a Londres, acabando así con la vida de 270 personas. Años después, al Megrahi sería puesto a disposición de la justicia británica y sentenciado a cadena perpetua, aunque un sustancioso acuerdo comercial de British Petroleum -BP- con el entonces gobierno del coronel Gadafi derivaría en una polémica liberación de la cual se avergonzaron muchos británicos y deberíamos hacerlo todos los europeos.

Quizá el recuerdo de todo aquello deba movernos a más de una reflexión. En primer lugar, hay ciertas relaciones que nunca debieran establecerse, pues los errores del pasado suelen acabar pasando factura en el momento más inoportuno. Les paso a Berlusconi y Sarkozy al conocerse sus contactos con Gadafi, y otro tanto puede decirse del gobierno británico al trascender que intereses peroleros dejaban en la calle a un terrorista que había asesinado a casi 300 personas.

Pero además, conviene también recordar que, todavía hoy, hay países que siguen apoyando al terrorismo, como en su momento hiciera Libia. Hoy ese testigo lo recoge fundamentalmente Irán y, en menor medida, Venezuela; países ambos productores de petróleo. Que lo acontecido con Abdelbaset Alí Mohmed al Megrahi se tenga bien presente para que nada semejante vuelva a ocurrir: ni la posibilidad de que un terrorista tenga la cobertura de gobierno alguno para llevar a cabo sus actos, ni los vergonzosos entresijos de relacionarse con dichos gobiernos por motivos comerciales.
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