19 de noviembre de 2019, 22:04:36
toros

Duodécima de Feria


Fandiño y Perera terminan la faena con el desacierto de ambos con la espada



Hoy pudo haber levantado vuelo la feria con una corrida que por momentos tuvo aires de apoteosis. Por la movilidad y clase de los toros de Alcurrucén. Porque Fandiño y Perera, en estilos diferentes pero con la ambición como denominador común, se ajustaron en sendas faenas al carácter de acontecimiento que se presagiaba.

Se palpaba en el ambiente que podía haber no una si no dos Puertas Grandes. Y hasta tres si "El Cid" se llega a encontrar mejor consigo mismo, ya que tuvo el toro hasta ahora de la feria, el cuarto, sin hacer de menos al anterior, que también se lo puso fácil.

El caso es que Fandiño y Perera no llegaron a redondear con la espada, mientras que al "Cid" le faltó regularidad. De ahí que el reconocimiento final de la tarde fue sobre todo para la ganadería.

A Fandiño le embistió el primero de su lote por el valor que el echó desde el primer momento, por el sentido de la colocación y la enorme facilidad que tuvo para hacer el toreo. Un Fandiño que se hizo presente en su turno de quites al toro segundo, por tafalleras, para anunciar la disposición que traía, y que iba a repetir en el quinto por chicuelinas.

Muleta en mano en ese toro tercero, sin probaturas previas, el toreo a derechas fue algo muy serio, por quietud y ajuste. Protestó el animal por el otro pitón, pero también los naturales tuvieron su aquel. La clave, no retroceder. Ni inmutarse. Muy firme y templado. Las bernadinas finales, de mucha temeridad, pasándose al toro por la faja. Lástima la espada, que no entró hasta el segundo envite.

Tampoco poco ser en el sexto, el garbanzo negro del envío, toro mirón, de viajes cortos y con ganas de echarle mano. Se la jugó Fandiño pero sin llegar a ninguna parte después de tantas complicaciones.

Perera se encontró con un primero al que le faltó un tranco en las embestidas y le sobró también un punto de violencia. No obstante, tampoco se confió mucho el hombre.

En el quinto, sí. Toro mansito, pero colaborador. Un quite por gaoneras a modo de réplica al de Fandiño, primer órdago de su actuación. Era otro Perera. Ahora, sobrado de arrestos. Desde los escalofriantes pases cambiados por detrás en la apertura, con el viento dejándole a merced del toro, y él sin retroceder.

Le costó "calentar" al toro, que no terminaba de definirse, una veces "metiéndose" por el lado derecho, gateando al perder pie a la salida de un pase, o mirando la querencia; en definitiva, restando unidad al trasteo.

Hasta que Perera se impuso, en las cercanías, a partir de una tanda a derechas muy ligada y con mucho temple, con el remate de un cambio por detrás que continuó con dos naturales en uno más la solución final del pase de pecho. El acabose.

Y ya con el toro definitivamente entregado, entre las rayas, los alardes de un parón de mucho aguante. El circular invertido duró una eternidad. ¡Qué forma de torear! Pero faltaba la espada, y no se contaba con el pinchazo previo a la estocada. Así que, voló otro triunfo en la tarde.

Con el Cid pasó algo muy extraño. Inseguro, fuera del toro en los cites, sin terminar de engancharlo. Eso en su primero, que fue pronto y repetidor.

En el buen cuarto cuajó pasajes de mucha calidad por el derecho, toreando muy vertical y con desmayo, hundido de hombros. Pero sin continuidad. Al natural no se acopló, y la faena fue progresivamente a menos, hasta difuminarse prácticamente en la nada.

Por unas cosas y otras, una tarde, incomprensible, sin trofeos.
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