19 de enero de 2020, 21:01:52
Opinion


...Y Chávez reapareció...



Lo que ocurre actualmente en Venezuela de cara a sus presidenciales parece sacado de una novela del realismo mágico. Tras 11 días de silencio, un “mutis” roto por momentos en la red social Twitter, el caudillo-presidente de ese país, Hugo Chávez, reapareció a “bombo y platillo” en cadena de radio y televisión de dos horas - obligatoria por supuesto-, en donde mostraba la pantomima de dirigir un Consejo de Ministros, a la par de que bromeaba, cantaba, y como no podía ser de otra manera, arremetía contra su oponente en las elecciones de octubre, Henrique Capriles Randonski.

Digamos que el mandatario apareció “como si nada”, después de tres meses de “limbo” político y lapsus de vacíos de poder, luego de que en febrero se le detectara una recurrencia del cáncer (de características aún desconocidas) que le fue diagnosticado en junio de 2011, y que le ha obligado a un “ir y venir” constante entre Caracas y La Habana, capital en donde se encuentran sus médicos.

Un trimestre que como cosa curiosa comenzaron a fluctuar las primeras encuestas con mira a los comicios generales, sobre todo la del GIX XXI, consultora oficialista a cargo del que fuera el ministro de Comunicación e Información, Jesse Chacón en la que augura una victoria del caudillo-presidente con una ventaja de 36 puntos.

Es decir, que de haber elecciones mañana, Chávez ganaría con 61% de los votos, superando con creces a Lula que ha batido récords de popularidad en Sudamérica, a pesar de que en estos meses el mandatario venezolano ha estado gobernando con “mando a distancia” desde en un confortable hospital de La Habana, mientras los centros sanitarios venezolanos se hunden en la miseria, sumado a otros males que sufre el país, que de citarlos en este momento harían que este editorial fuera interminable.

No cuestionamos el poder de arrastre electoral del teniente coronel retirado, con aspiraciones a perpetuarse en el poder hasta el ¿2031? ¿2041? ¿2051? y ¿un largo etcétera?; pero de ahí a tragarnos el cuento chino de las encuestas oficialista, va un trecho. Necesitaríamos toneladas de digestivo para hacerlo.

Habrá que esperar a que el mandatario suramericano entre formalmente en campaña para ver cuáles son los ases que se juega bajo la manga, una vez oficialice su inscripción en el Consejo Nacional Electoral en junio.

Lo único que puede darse por sentado en estos meses que quedan para los comicios generales venezolanos es que no existe lugar en la “Revolución bolivariana” para una sucesión de Chávez y que el régimen, o lo que el chavismo llama el “proceso”, va a intentar vender la imagen,- cuidado si ocurre en vísperas del verano-, de un hombre saludable y vigoroso, completamente curado dispuesto a dar la batalla, eso sí, como “si nada” hubiera pasado.
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