25 de mayo de 2020, 3:50:46
Opinión


Información y ambigüedad

Pepa Echanove


Me quedo pasmada leyendo la descripción del perfil buscado para un puesto de responsable de comunicación en una multinacional farmacéutica. Diplomas, movilidad, experiencia, logros y talentos aparte, se valorará la ‘facilidad en el manejo de la ambigüedad’. Es como si para un banco pidieran ejecutivos con probada capacidad para blanquear capitales; o en un partido se buscara secretario regional con aptitud para disfrazar subvenciones y tapar escándalos. Una pena que nuestros políticos no dominen tres ni dos idiomas, porque se me ocurren algunos que serían excelentes candidatos a este lucrativo empleo con vistas al Montblanc. Cierto, que hay que tener grandes dotes de retórica y funambulismo para relatar que el director general se ha embolsado dos millones y medio de beneficios en efectivo (sueldo fijo aparte) mientras que dos mil y pico empleados están de patitas en la calle en la filial norteamericana. La ambigüedad, digámoslo con toda claridad, es la clave de los aparatos informativos del sistema político y económico que nos gobierna. De esto nada nos dijeron a los que nos formamos en los oficios de la comunicación y la información. ¡Qué poco dura la inocencia! ¿Para qué dominar las técnicas de la redacción periodística si nos basta con la lengua de trapo para triunfar en los ruedos de la desinformación y triplicar nuestro sueldo? La sinceridad y la decencia están lamentablemente mucho menos valoradas que la ambigüedad y la demagogia. Los que no estamos en el sistema _Dios nos libre de este pecado_ podemos lanzar alguna piedrita de vez en cuando, y esto ya es todo un lujo; pero contar la verdad tampoco nos da siempre de comer. El año 2011 fue especialmente devastador para la libertad de la prensa. “Reporteros sin fronteras” hizo público el escalofriante balance de 66 periodistas muertos, 1.044 arrestados, 1.959 agredidos o amenazados, 499 medios de comunicación censurados, 71 periodistas secuestrados, 199 blogueros e internautas arrestados, 62 blogueros e internautas agredidos (5 de ellos muertos). Cifras sin ambigüedades. No hace falta ser corresponsal en Pakistán o en Siria, existen lugares donde el ejercicio de la profesión corre peligro y están a la vuelta de la esquina, tanto más durante estos últimos meses cuando la información, el clamor, la indignación circulaba en las calles de Madrid, Atenas o Wall Street. Cabe añadir que prohibir las preguntas durante las pomposas conferencias de prensa en los salones V.I.P. es una forma como otra de amordazar al mensajero. La comunicación corporativa _en particular en el marco de la empresa_ tiene muchísimo que aprender del buen periodismo, de la información de base, del reportero accidental que cubre la actualidad libreta en mano, del fotógrafo en primera línea de la revuelta, del becario curioso que nada tiene que perder con sus preguntas políticamente incorrectas, del bloguero capaz de crear debate confrontando opiniones, del editorialista que deja de mirarse el ombligo, del redactor jefe que apuesta por la verdad y por la diversidad, del moderador imparcial, competente e informado del debate. ¿Quién dijo que no corren buenos tiempos para las ciencias de la información?. Se buscan candidatos. Sin ambigüedades. Sin eufemismos.
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