18 de mayo de 2021, 1:12:15
Opinión


A Bashar al Assad se le acaba el tiempo



El presidente sirio, Bashar al Assad, reiteraba este pasado domingo su voluntad de mantener un diálogo con la oposición y la comunidad internacional para poner fin a lo que describió como “una guerra contra grupos terroristas financiados por países extranjeros para acabar con su Gobierno”. Añadía al Assad que “esto no es una crisis política”, al tiempo que rendía “un tributo a los mártires de la guerra”. Estas declaraciones coinciden con el traspaso de fronteras que el conflicto está teniendo últimamente, pues ya la pasada semana los combates se extendieron al vecino Líbano, con todo lo que ello implica.

Ni las sanciones internacionales, ni el plan de paz de Kofi Annan, ni siquiera la última condena del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -al que, por primera vez, se adhirieron Rusia y China-; nada ha detenido hasta ahora a Basar al Assad. Hay una guerra, sí, pero es la que libra el propio al Assad contra su pueblo. Y de terroristas se pueden tildar también las actuaciones contra la población civil perpetradas por las fuerzas de seguridad del régimen de Damasco. El caso es que cada día que pasa menos son las opciones que le quedan a al Assad. Por mucho que cuente con el respaldo ruso, el hecho de que más de 9.000 civiles inocentes hayan perdido la vida a causa de su represión es algo por lo que tendrá que rendir cuentas antes o después. Y cuanto más tarde en detener el actual genocidio, peor será; también para él.
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