6 de diciembre de 2019, 15:23:31
Opinion


La legalización de Sortu



Finalmente, la izquierda abertzale se ha salido con la suya, y Sortu es legal. Junto a Bildu, ambas marcas provenientes del entorno etarra pueden así operar con toda normalidad en el marco de las instituciones. Ello ha sido posible gracias al aval -con un estrechísimo margen de seis votos contra cinco- dado por el Tribunal Constitucional, que ayer volvía a recuperar un protagonismo más político que jurídico. Dicha vis política fue ganada a pulso con el bochornoso espectáculo de la sentencia del Estatut y todo lo que la rodeó. En esta ocasión, ha sucedido algo parecido.

Era un secreto a voces que la mayoría progresista del TC abogaba por legalizar Bildu. Por un lado, enmendaban la plana al Supremo -el enfrentamiento entre ambos tribunales viene de lejos-. Por otro, rendían un último servicio a la ideología que les sentó en sus actuales sillones. Con la ley -y la moral- en la mano, había argumentos de sobra para que Sortu siguiera siendo ilegal. Ahora, con esa misma ley en la mano, es legal. Estamos, pues, ante una interpretación jurídica que, si bien se ajusta a derecho, obedece más a una motivación política que a cualesquiera otras causas. El que ETA ya no mate no es razón bastante para permitir a las gentes de su mundo tener dos marcas políticas en funcionamiento. O no debería serlo.
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