15 de octubre de 2019, 20:33:14
Opinion


Dívar y Sortu, una justicia politizada

Javier Cámara


La politización del sistema jurídico en España es más evidente que nunca y sigue marcando el devenir de la justicia que se imparte. No sabemos lo que es la separación de poderes y lo peor es que hemos perdido la esperanza de saberlo. Para nuestra desgracia, a día de hoy sigue siendo una quimera, una fantasía, un sueño.

Dívar se va. Todavía no sabemos si es culpable, pero por unos viajes y unas cenas el presidente del Poder Judicial y del Tribunal Supremo se rinde, a pesar de insistir en que no ha hecho "nada malo" y que ha sido víctima de una campaña desproporcionada. Crueles paradojas de la vida: ¿dónde ha quedado la presunción de inocencia del juez?

El marcado carácter político de la polémica no puede dejar indiferente a nadie. Es verdad que los viajes y los gastos existen, es verdad que nunca antes un miembro del Poder Judicial había denunciado a su presidente por este motivo, pero tampoco es menos cierto que la división entre los vocales “progresistas” y los “conservadores” en los plenos extraordinarios para reclamar la dimisión de Dívar ha sido más que notable. Unos pedían la dimisión del viajante y otros la renuncia del denunciante por no informar al CGPJ de su intención de acudir a la Fiscalía. Al final ya saben quién ha ganado.

Triste espectáculo de la Justicia española. En el aire queda el “tufillo” de que todo ha sido una cuestión de venganzas personales y políticas con la sombra del suspendido Garzón de fondo. Para la anécdota queda que Dívar accediera al puesto gracias al entonces presidente Zapatero.

En la acera de enfrente, en el Tribunal Constitucional, las cosas no van mejor. Igualmente, por seis votos “progresistas” contra cinco “conservadores” se ha decidido que un partido político, que se sabe lleva la marca de ETA, es legal. Se va a poder presentar en unos meses a unas elecciones democráticas con el programa de una banda que ha estado manchando de sangre la paz en España, no solo en el País Vasco.

Al margen del espaldarazo y aliento que se ha dado a todo el entorno de la banda mafiosa de ultraizquierda, la decisión de ilegalizar Sortu habría sido la contraria de haber existido otro equilibrio de fuerzas entre los miembros del tribunal. Es decir, no podemos esperar una Justicia objetiva en este país porque siempre dependerá de la capacidad de los partidos políticos para declinar la balanza. Es nuestro sino.

Pero, es lo que hay. No quieren cambiar el sistema. No interesa. Mientras, ETA tiene dos partidos para seguir inculcando su “política del miedo” gracias a la insistencia de un PSOE que sigue haciendo concesiones políticas a la banda y el presidente del máximo órgano judicial tiene que dimitir tras enfrentarse a compañeros de distinta ideología.

Y digo yo: ¿Qué confianza podemos tener en un sistema judicial que sabemos depende del signo político de sus miembros? ¿Qué cara se nos queda si nos hablan de ‘vendetta’ interna para referirse a la dimisión del presidente del Poder Judicial? ¿Ofrece esta renuncia de Dívar una imagen de higiene institucional?

Ahora toca renovar cargos. Veremos cuántos son del PP y cuántos del PSOE. Como siempre. ¡Ah! Y se nos queda cara de tontos.
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