12 de diciembre de 2019, 0:29:28
Opinion


Evo Morales: el "hermano de Ahmadineyad", enemigo de los policías



En la política latinoamericana suelen ocurrir situaciones un tanto rocambolescas. Una de ellas está teniendo lugar en Bolivia,- con el debido respeto de su vecina Paraguay que se está llevado la guinda del pastel-, en donde un grupo de policías ha protagonizado un ruidoso motín, con acampada en los alrededores del Palacio de Gobierno incluida, para exigir mejoras salariales. Lo normal en un país con profundas desigualdades sociales, en donde la paga mensual no supera los 200 dólares.

El factor rocambolesco de este incidente no es que la policía reclame sus derechos laborales, sino que el presidente Evo Morales, el mismo que la semana pasada recibió a bombo y platillo a su homólogo y “hermano”, Mahmud Ahmadineyad, de la República Islámica de Irán,- nación sancionada por sus poco transparente programa nuclear-; acusó a los funcionarios,- compatriotas-, responsables de velar por la seguridad ciudadana y el cumplimiento de la ley de “golpistas”.

En otras palabras, los policías son el enemigo, mientras el “hermano” es el promotor del uranio enriquecido para “fines pacíficos”. Y todo por utilizar el derecho cívico y constitucional de reclamar mejores condiciones laborales y un sueldo justo. Pero al chiste no sólo se limita a esto, también trae como detalle jocoso la especie de que los policías “golpistas” están siendo instigados por la oposición boliviana, según palabras del propio jefe de Estado andino.

No cabe duda que esto suena a un déjà vu de lo sucedido en Ecuador en septiembre de 2010, en donde una revuelta policial,- también por reivindicaciones salariales-, terminó en “golpe”. Es evidente que la palabra “golpe” o “golpistas”, forma parte de la semántica de muchos líderes latinoamericanos, que ven en ella la excusa para salir del paso y no asumir sus responsabilidades políticas e institucionales.
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