28 de enero de 2020, 12:26:38
Economía

Crónica económica


Rusia en el centro de gravedad económico



El mundo está cambiando ante nuestros ojos, y lo hace a una velocidad inusitada. Cada vez es más claro que el Atlántico no es el puente económico, sino que ese papel lo ha asumido el Pacífico. El centro de gravedad económico vira hacia el norte y hacia el este.

McKinsey Global Institute ha publicado un informe sobre la urbanización en el mundo. McKinsey toma nota de que “las ciudades han sido las principales dinamizadoras del crecimiento durante siglos; han atraído a trabajadores especializados, negocios productivos, y economías de escala”. Lo relevante, aunque no lo menciona el informe, es que las ciudades permitían una profundización de la división del trabajo, y el empleo más productivo del capital. “Pero lo que es diferente sobre la actual oleada de urbanización en masa es su velocidad y escalas, sin precedentes. No es una hipérbole decir que estamos observando el cambio más significativo en el centro de gravedad económico de la historia”.

Según sus conclusiones, en el año 2025, “unos 600 millones de personas vivirán en sólo unas 440 ciudades de las economías emergentes, que se espera que generarán cerca de la mitad del crecimiento global de 2010 a 2025”. Y gran parte de esas ciudades emergentes están en Asia.

McKinsey ha calculado cuál ha sido el centro de gravedad económico a lo largo de la historia. En el año 1000, con una Europa occidental luchando por emerger del largo invierno económico y cultural que siguió al derrumbe del imperio romano, Bizancio erigiéndose como heredera y América con grandes culturas pero sin economías prósperas, China era el país que más podía acercarse a la idea de riqueza. McKinsey sitúa el centro económico en Afganistán. A mitad de camino entre Bizancio y China.

En el año 1500 apenas ha cambiado ese centro de gravedad. Ha ido ligeramente hacia el norte, y está en Tajikistán. En ese año acababa de descubrirse América. En 1820, siguiente fecha en que se detiene el informe, el centro económico de gravedad vuelve a ir hacia el norte, pero también hacia occidente. Europa y América son economías florecientes. Está arrancando la revolución industrial, que producirá un auténtico salto económico y demográfico durante el largo siglo XIX. Largo, porque podemos decir que comienza a finales del XVIII, con las revoluciones americana y francesa, y termina en 1914, con la I Guerra Mundial.

Precisamente 1913, el último año antes de la Gran Guerra, es el siguiente punto en el que se detiene McKinsey. Nos situamos ya en Suecia. El salto hacia el norte, pero sobre todo hacia el oeste, es espectacular. En 1940 todavía estamos en las costas noruegas, pero en 1950 el centro de gravedad está a punto de alcanzar las de Canadá. EEUU produce la mitad del PIB mundial (hoy apenas rebasará el 20 por ciento), Europa está devastada por la guerra, y China está sumida en una profundísima crisis, en la que se ha a ahondar en las tres décadas siguientes, con el comunismo.

Pero ese es el punto más occidental que toca el centro de gravedad económico. En la segunda mitad del XX vira hacia oriente, aunque todavía más hacia el norte. Iberoamérica se sume en una ciénaga ideológica, política y económica. Europa, y en particular la Sorbona, exporta líderes a África que vienen bien cargados de ideologías socialistas radicales. El reguero de guerras, destrucción y miseria en aquél continente es bien conocido. En Asia, en los años 50, están las zonas más pobres de todo el planeta.

Pero en los años 60’ algo comienza a cambiar. Los países asiáticos son mayoritariamente dictatoriales. Gracias a ello, Occidente no les otorga las llamadas ayudas al desarrollo. Y eso les obliga a abrirse al comercio internacional para crecer. Ese crecimiento les obliga a su vez a ser crecientemente competitivos, lo que les fuerza a adoptar políticas económicas más racionales. China se sumará algo más tarde, con la política de apertura a partir de 1978. Japón, humillada, obligada a ser una democracia occidental, opta también por la apertura comercial y se convierte en un modelo de éxito hasta 1990. En ese año, el centro de gravedad económico alcanza su máxima cota norte, y en su vuelta hacia oriente pasa cerca del archipiélago de Svalvard. Diez años más tarde, en 2000, con todo el bloque soviético derrumbado, sigue desplazándose hacia el oeste, hasta casi tocar la isla de Franz Joseph.

Es entonces cuando se produce el gran salto. De 2000 a 2010. Todo el mundo crece. Pero lo hace con especial fuerza Asia, toda ella, y China especialmente. Nunca, jamás, en la historia humana, el centro de gravedad económico se había desplazado tan deprisa. Vuelve a Asia, donde estaba mil, dos mil años antes. Entra en Rusia, por Siberia. África, un enano económico (aunque no geográfico ni demográfico), despierta desde 1995, se introduce con creciente fuerza en el capitalismo global, y redescubre el crecimiento. También empieza a aportar un mayor peso hacia el sur que se nota en el centro de gravedad económico.

McKinsey calcula que para el año 2025, un año en el que podemos imaginarnos a nosotros mismos, ese centro se habrá desplazado de nuevo hacia el sur y hacia el este, y rondará la ciudad de Barnaúl. De continuar esa tendencia es difícil pensar que en 2050 no esté en Mongolia o en China. Aunque ya para entonces puede que las tornas hayan vuelto a cambiar.

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