24 de julio de 2019, 6:50:50
Mundo

TRIBUNA


El 11-M de Japón: un informe parlamentario de un año después



Una comisión parlamentaria, presidida por el diputado Kiyoshi Kurokawa, ex presidente del Consejo Científico de Japón, ha hecho público su informe sobre el accidente de la central nuclear de Fukushima (11 de marzo de 2011).

Ese informe me interesa por algunas razones.

Primero, porque demuestra que el parlamento, en este caso el parlamento japonés, es la única autoridad que puede orientar a una sociedad en momentos históricos críticos. Después de seis meses de investigación, y más de 900 horas de sesiones y entrevistas a más de 1.100 personas, la comisión de expertos independientes (y no partidistas) redactó más de 600 páginas de un exhaustivo informe sobre las responsabilidades técnicas, políticas y culturales de Japón en aquel desastre. El parlamento japonés no lo redactó, pero al votarlo le dio la fuerza moral del Estado. (En España este ejemplo magnífico se abrirá paso a pasar de que la política actual sienta incomodidad con la objetividad).

Segundo, porque en este periódico escribí un artículo sobre Fukushima (“El 11-M de Japón”) que viene a coincidir con las causas culturales que señala el citado informe. No es vanidad, sino un modesto turno a favor del periodismo clásico.

El informe japonés señala: “El accidente nuclear de Fukushima fue "un desastre causado por el hombre" y no simplemente una consecuencia del terremoto y el tsunami gigante ocurrido el 11 de marzo de 2011 en el noreste de Japón.”

Mi artículo fue en el mismo sentido, rechazando el determinista peligro nuclear: “A cualquier europeo interesado por lo que ha sucedido en Japón le saltan a la vista dos hechos. Primero, que la central aguantó el terremoto (con el nivel terrorífico de 9). Y segundo, que la cascada de fallos se debió a que la planta nuclear está ubicada en un paraje expuesto a las olas de los maremotos.

Por lo que sabemos, cuando se produjo el terremoto (14,46 hora estándar de Japón), como la red eléctrica estaba dañada, la central puso en marcha sus motores diesel para generar electricidad propia. Con ellos se podía mantener la refrigeración sin problemas. A las 15,41 horas, llegó la pavorosa ola del terremoto: se llevó por delante los motores, y a partir de entonces, sin forma de enfriar el combustible de la planta, Fukushima bordea la catástrofe.

¿Cómo se autorizó construir varias centrales nucleares a cuatro pasos de un mar que muchas veces ha lanzado contra la costa unas olas terroríficas? Los japoneses las llaman, desde hace tiempo, “tsunami” (“tsu”=puerto, y “nami”=ola). Hace 40 años, un investigador californiano, llamado Charles Richter, hizo una escala logarítmica de 1 a 9 (no se conoce ningún terremoto de escala 10), y estableció que cada 20 años, la tierra puede generar movimientos sísmicos del máximo nivel.

El “tsunami” que arrasó las costas donde estaban las centrales nucleares de Fukushima era un riesgo previsible. Si no se hizo caso a esas evidencias científicas fue porque las compañías eléctricas, concretamente TOPCO (Tokio Electric Power), sólo pensaron dónde era más barato obtener el agua para la refrigeración.”

El informe japonés dice lo siguiente: “Los gobiernos anteriores y el de aquel entonces, las autoridades de regulación y la Tokyo Electric Power, fallaron en su deber de proteger a la gente y a la sociedad”. Más adelante indica: "las causas directas del accidente eran previsibles antes del 11 de marzo de 2011".” El operador de la planta, los reguladores y el gobierno: "no desarrollaron correctamente los requisitos de seguridad más básicos, como la evaluación de la probabilidad de daño, la preparación para contener los daños colaterales de este tipo de desastres y el desarrollo de planes de evacuación".

Y concluye con una auténtica autocrítica: "Lo que hay que reconocer es muy doloroso, fue un desastre 'Made in Japan”. Sus causas fundamentales se encuentran arraigadas en las convenciones de la cultura japonesa: nuestra obediencia reflexiva, nuestra renuencia a cuestionar la autoridad, nuestra devoción a 'apegarse al programa".

Sostuve en mi escrito de 2011: “En Europa no se hubiera autorizado construir una planta atómica en un lugar con tales riesgos. Si eso fue posible en Japón, la causa, probablemente, se encuentre en la peculiar sociedad, y en la peculiar política de ese país asiático.

El capitalismo creció en moldes feudales, que se adaptaron a la moderna economía gracias a la monarquía imperial japonesa. Los japoneses nos asombran por su sentido de la responsabilidad comunitaria. El individualismo, y la protesta de las minorías, no son admisibles para su mentalidad. El pueblo japonés acepta a los clanes empresariales (“el zaibatsu”) con la misma actitud que reverenciaba a los “daimios”, los soberanos feudales del pasado. Fernand Braudel, un gran historiador francés, completa las semejanzas: los cuadros técnicos de las empresas se rigen por la moral de los “samuráis”, la pequeña nobleza; y los obreros, se parecen más a los antiguos siervos, que a modernos trabajadores.”

La ola del 11-M puede que arrastre también a ese Japón tradicional. (Escrito en 2012: La misma ola que llegará a todas partes.)
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