12 de noviembre de 2019, 7:10:30
Mundo

“la madre de todas las batallas”


Siria, al borde de su división en dos Estados independientes


Mientras los países occidentales, principal apoyo logístico y militar de la rebelión siria, muestran su preocupación por las consecuencias de dicho asalto, que puede conducir a nuevas masacres de civiles, los países árabes buscan una “solución negociada” a la crisis que evite el escenario peor: la división del país.


El Ejército sirio leal al régimen de Bachar el Assad, ha lanzado este sábado una feroz ofensiva militar para intentar aplastar a los rebeldes del Ejercito de Liberación sirio, que controlan gran parte de Alepo, segunda ciudad del país. El control de la estratégica urbe puede suponer el desenlace de la crisis siria, que perdura desde hace 16 meses.

La prensa favorable a Bachar el Assad considera esta ofensiva como “la madre de todas las batallas”, recordando la frase de Saddam Hussein que se hizo famosa en todo el espacio geopolítico árabe, aludiendo a su enfrentamiento con las tropas de la coalición internacional en el que resultó derrotado.

Helicópteros del Ejército sirio han bombardeado el centro de Alepo, donde los insurgentes se han atrincherado. En torno a la ciudad se han desplegado además varias unidades de blindados dispuestas a dar el asalto final de la urbe rebelde.

Mientras los países occidentales, principal apoyo logístico y militar de la rebelión siria, muestran su preocupación por las consecuencias de dicho asalto, que puede conducir a nuevas masacres de civiles, los países árabes buscan una “solución negociada” a la crisis que evite el escenario peor: la división del país. En efecto, Alepo está jugando el mismo papel que desempeñó Benghazi en la crisis libia. Foco de la rebelión y cuartel general de los insurgentes, la segunda urbe de Siria, se ha convertido en el centro logístico por el que transita la ayuda multiforme que recibe el Ejército sirio de Liberación de parte de algunos países árabes como Qatar y de Turquía, punta de lanza de la OTAN en la región.

La situación parece haber llegado a punto de no retorno. El presidente Bachar el Assad ya no dispone de margen de maniobra para negociar, y los enfrentamientos armados se libran entre dos ejércitos, el leal al régimen y el insurgente. Según la opinión de varios expertos, las posibles resoluciones que pueda tomar el Consejo de Seguridad, aun en el caso de que China y Rusia se plieguen a las demandas de los países occidentales de “intervenir” en la crisis, no van a cambiar los datos de la ecuación siria.

Por el contrario el riesgo real y cada vez mayor es el de una posible partición del país sobre bases tribales y religiosas. La poderosa tribu de los alauíes, minoritaria en el país pero que dispone de todos los resortes del poder principalmente en las fuerzas armadas y de seguridad, tiene suficientes recursos y apoyos internacionales para hundir Siria en una guerra civil de consecuencias imprevisibles.

La partición del país con dos “capitales”, Damasco para los alauíes y Alepo o Homs para los Hermanos Musulmanes y sus aliados, “sería la peor solución” según medios diplomáticos árabes “porque repetiría el escenario que ya ocurrió en Irak y que acabó con el Estado”. La región tradicionalmente alaui es el noroeste de Siria, que se extiende entre las fronteras libanesa y turca, y dispone de dos puertos de importancia estratégica, Lataquia y Tartus.

Un “Estado alaui” podría parecer viable, ya que además de los dos puertos citados, controlaría los terminales petroleros, un aeropuerto, ricas tierras agrícolas y la homogeneidad social y tribal de una población estimada en unos dos millones de habitantes. Además a nivel internacional tendría el apoyo de sus aliados tradicionales, Rusia, China e Irán, así como del Hezbollah libanés que controla el valle de la Bekaa, bastión tradicional sirio y base de apoyo de las mafias de la heroína y del opio.

Sin embargo algunos medios que respaldan a los insurgentes sirios no verían con malos ojos una ruptura de la unidad territorial del país, porque permitirías a los “insurgentes” establecer alianzas firmes con las milicias sunitas que proliferan en Líbano y que son apoyadas militarmente por los mismos aliados de los insurgentes sirios.

Además de su importancia estratégica, Alepo ha sido tradicionalmente un banco de recursos financieros para el régimen de Assad, procedente de la clase comerciante muy pujante en la ciudad, y destinado a sostener el esfuerzo guerrero de Damasco.

Una voz nueva en la crisis siria la ha protagonizado el general desertor sirio Manaf Tlass, quien ha declarado trabajar en “un plan para salir de la crisis”. Manaf es hijo de uno de los generales sirios más veteranos, Mustafa Tlass, amigo personal del padre del actual presidente Bachar, Hafed el Assad, un militar formado en la Academia de mandos militares soviéticos de Frunze. Durante muchos años, Mustafá Tlass fue considerado “el hombre de Moscú en Siria”. Manaf Tlass, que fue jefe de la Guardia Nacional siria, pretende jugar un papel conciliador y de consenso entre los dos campos enfrentados, y se dice dispuesto a cooperar con el Consejo Nacional Sirio, principal fuerza política de la oposición. Sin embargo, los Hermanos Musulmanes desconfían de él y le tildan de “demasiado implicado con el régimen de El Assad”.
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