17 de junio de 2019, 19:29:42
Nacional

PASO CAMBIADO


¿Apostamos por España o por las barricadas?



Si en el transcurso de una semana, las noticias que recibimos son simplemente malas, y no catastróficas, es posible aventurar que empieza a llegar el momento de apostar por España.

Casi nadie lo hace todavía, pero alguno estará pensando que el primer listo que lo haga se va a forrar. Más, por supuesto, que el segundo listo, y que el tercero y sucesivos.

Por lo tanto, señores inversores internacionales, no pierdan la oportunidad, porque España está en rebajas. Pero unas rebajas con productos de razonable calidad. Por ejemplo, como se está viendo y ha visto hasta Goldman, con un sistema financiero que puede estar a punto de estabilización en la parte comprometida, puesto que la otra, la de los grandes bancos, ya es suficientemente sana.

Véase, sin ir más lejos, cómo alguno lo ha debido percibir, pues si compró acciones de Bankia en su punto más bajo, en dos semanas ha duplicado su capital. Y el que apueste ahora por deuda soberana ganará menos que el de hace una semana, pero tal vez mucho más que el que lo haga la siguiente.

No pierdan, pues, el tiempo. Háganlo con prudencia, si quieren, porque todavía queda mucho que ajustar en el engranaje español, en lo económico y en lo político, pero no dejen la oportunidad de ganar dinero con la recuperación de España.

Es cierto que decirlo así, en plena tormenta, y con perspectivas de recesión para más de un año todavía, parece de ingenuos. Pero si se unen todos los signos dispersos en relación con las perspectivas de futuro, los que emanan de la Unión Europea o de los Estados Unidos; los que describen la evolución de la Bolsa o el riesgo de la deuda; los que sugieren aportes de liquidez, llamemos rescate, en la forma que se quiera, se puede pensar que nada está cambiando a peor.

Y aún más, que cada vez hay menos gente que pueda sacar beneficio de nuestra desgracia, lo que no se puede decir de los últimos años, cuando para muchos ha sido un negocio apostar contra España. Pues nunca hay que olvidar que la desinversión en España ha supuesto la inversión en otros países, esos que pagan su prima de riesgo al cero por ciento mientras nos riñen cada mañana y cada tarde, desde Holanda a Finlandia y desde el Bundesbank al Bundestag.

En esos delicados mundos de la inversión internacional, nadie puede jugar eternamente al negro de la ruleta, porque alguna vez saldrá el rojo.

¿Cuál es, sin embargo, el problema inminente para España, en tanto se estabiliza la situación económica? Precisamente el rojo de la ruleta, o el del supermercado. Vamos, cualquiera que apuesta ahora por la desestabilización social.

No digo quela indignación no sea lógica. Lo que digo es que es inútil. ¿De qué sirve la propuesta sindical de realizar un referéndum sobre los recortes? No hace falta para nada: ya les anticipo, con poco margen de error, que saldría en contra del Gobierno con un noventa por ciento, porque no conozco a nadie, ni de izquierda ni de derecha, que le parezca bien que se paguen más impuestos y se tengan menos servicios, que crea que los ajustes frenen el paro, y que piense que se merecen menos de lo que tenían.

Otra cosa es que haya alternativa, y que racionalmente no se pueda entender que si no empezamos a pagar pronto las facturas en los cajones del Estado de Bienestar, nos quedamos sin bienestar y sin Estado. Pero eso es muy difícil de votar, cuando te acaban de bajar el sueldo o cuando te has quedado en el paro.

No se debería ser tan ventajista como lo pretenden los llamados líderes sociales. O los partidos minoritarios, que piensan que tienen su oportunidad ante la desafección por los mayoritarios. Pero así va a ser. Tendremos un otoño caliente, otro año terrorífico en lo social, y ninguna mejora de perspectivas (que la va a haber) nos quitará por mucho tiempo el desaliento por ser españoles que nos atenaza implacablemente.

Lo paradójico será que mientras la mayoría de los españoles se quejan de los ricos, algunos se van a hacer más ricos precisamente por confiar en España, lo que demostrará lo penosa que es la solución de las barricadas que ya se otean en el horizonte. Porque, generalizando, los españoles fuimos los últimos en descubrirlos problemas de España, y seremos los últimos en darnos cuenta de su recuperación.
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