19 de enero de 2020, 9:35:00
Opinion


Caso Bolinaga: se ha cumplido la ley



La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias ha concedido el tercer grado a Iosu Uribetxeberria Bolinaga, tras estudiar la propuesta favorable a esa concesión elaborada por la Junta de Tratamiento de la cárcel alavesa de Zaballa. El tercer grado hará posible que el preso etarra solicite la libertad condicional, aunque, finalmente, la decisión última corresponde al juez central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional.

Es comprensible que la resolución del Departamento de Prisiones no haya dejado de causar malestar, sobre todo, en las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo. Iosu Uribetxeberria Bolinaga, que cumple condena por tres asesinatos y dos secuestros, es uno de los terroristas más siniestros en el macabro historial de ETA. Uribetxeberria Bolinaga dio inequívocas muestras de su fanática crueldad como carcelero del funcionario de prisiones, José Antonio Ortega Lara, cuyo secuestro y permanencia durante más de quinientos días en un minúsculo y húmedo zulo causó especial conmoción en la sociedad española. La crueldad del etarra Bolinaza no conocía límites, estando dispuesto a que Ortega Lara se muriese de hambre en ese inmundo agujero, pues cuando la Guardia Civil, en una brillante operación, encontró el lugar donde estaba el secuestrado y detuvo a sus captores, Bolinaga se negó a revelar el escondite.

Ante un personaje de esta repugnante calaña, lo que pide el corazón es no tener con él la más mínima consideración. Ahora, Uribetxeberria Bolinaga está aquejado de un cáncer terminal y los informes médicos han certificado que el etarra tiene un 90 por ciento de posibilidades de morir en el plazo de un año como consecuencia de esa enfermedad irreversible. Para estos casos, la normativa vigente remite al artículo 104.4 del Reglamento Penitenciario, referido a la concesión del tercer grado.

La concesión del tercer grado será jaleada por ETA y sus voceros como un “triunfo” propio y un “éxito” de sus presiones, con el circo de las huelgas de hambre incluido. Pero nada más lejos de la realidad, por lo que no hay que hacerles el juego, admitiendo implícita o explícitamente que el chantaje etarra ha surtido el menor efecto. La firmeza de nuestra democracia frente al terrorismo etarra ha quedado patente hasta llevar a la banda a su cese, aunque no por ello debe bajarse la guardia hasta que se disuelva y entregue las armas.

El tercer grado no cambia para nada el valor de la justa condena que en su día se aplicó a Uribetxeberria Bolinaga. La grandeza de un Estado de Derecho es atenerse escrupulosamente a la ley, como se ha hecho en este caso. No es la compasión hacia alguien que no se la merece lo más mínimo lo que ha propiciado el tercer grado. Ha sido el cumplimiento de la ley.
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