9 de diciembre de 2019, 12:54:49
Opinion


Sin demoras hay que aumentar la inversión

Alieto Guadagni


Se acaban de publicar las cifras oficiales sobre las reservas de petróleo y gas de Argentina, que confirman la prolongada tendencia de agotamiento sin reposición de las mismas. Durante el año pasado las reservas de gas cayeron un 7 por ciento, mientras que las de petróleo cayeron 2 por ciento. Esto significa que entre el 2003 y el 2011 se han evaporado el 12 por ciento de las reservas de petróleo y nada menos que la mitad de las de gas.Ya quedaron atrás dos décadas de energía abundante, barata y exportada y entramos en un periodo de energía escasa, importada y seguramente más cara.Señalemosque la producción de gas es hoy un 16 % menor a la del año 2004, mientras que producimos apenas 2/3 del petróleo que se producía a fines de lo noventa. Esta caída en la producción, que continua este año particularmente en gas, es consecuencia directa de las caídas de las reservas aprovechables de hidrocarburos. Esto es preocupante porque somos un país fuertemente dependiente del gas, ya que este hidrocarburo satisface más de la mitad del consumo total energético, mientras que el promedio mundial es apenas del 20 por ciento. Ahora bien, porque caen la producción y las reservas ¿Contestar este interrogante exige echar una mirada al esfuerzo inversor, caracterizado en esta actividad por la cantidad de pozos exploratorios. Aquí tenemos una sorpresa, cuando se presta atención al hecho que el precio del petróleo desde el 2003 y hasta hoy se ubica cuatro veces por encima del precio prevaleciente en la década del noventa; es preocupante que a pesar de esto el esfuerzo exploratorio durante la gestión energética desde el 2003 no llego ni a la mitad del prevaleciente en el periodo 1980-2000. La política energética se baso hasta ahora en consumir y agotar las reservas, sin prestar atención al esfuerzo inversor para reponer lo que se extraía. Para graficar la descapitalización sufrida por nuestras reservas de hidrocarburos digamos que, remplazarlas con importaciones nos costaría a lo largo de los próximos años una suma equivalente a 500 millones de vacunos. No hay tiempo que perder, ya que la mejor política es aquella que restaura más rápidamente el autoabastecimiento en petróleo y gas, y así reduce la fuerte dependencia de importaciones que son muy caras. En el caso del gas estas importaciones cuestan al país en algunos consumos más de 30 veces el nivel del precio que afronta el consumidor. Ahora se ha dictado un nuevo decreto regulando la actividad petrolera, pero que no sirve para convocar más inversiones; necesitamos una nueva ley de hidrocarburos, que remplace la obsoleta ley dictada en 1967. Esta nueva ley deberá apuntar a maximizar el esfuerzo inversor, es decir su éxito se medirá por la cantidad de pozos exploratorios que sea capaz de movilizar. La buena noticia es que recursos potenciales no nos faltan, el problema no es geológico, sino político. Es urgente una nueva política que recupere el autoabastecimiento perdido en la última década, ya que con este últimodecreto seguiremos importando cada vez mas energía.
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