28 de enero de 2020, 15:39:06
Opinion


La libertad de Bolinaga

Ricardo Ruiz de la Serna


Digámoslo sin tapujos: la libertad condicional que el Juez ha concedido al etarra Uribetxeberria Bolinaga es una injusticia. Todo en este caso es atroz. Este terrorista secuestró a un ser humano, lo metió en un agujero durante 532 días, se jactó de ello y ahora utiliza su enfermedad y su pretensión de libertad con fines propagandísticos. La norma que el Ministerio del Interior utilizó para concederle el tercer grado permitía diversas interpretaciones, pero -de todos modos- si el Derecho permite casos como el de Bolinaga, es necesario reformarlo. Tras el tercer grado, ha venido el Auto de libertad condicional, que el Ministerio Fiscal puede recurrir. Hay algunas cosas llamativas. La primera de ellas es el escaso poder de convicción que ha parecido tener el informe de la forense de la Audiencia Nacional que señalaba la posibilidad de que el terrorista recibiese cuidados médicos en la prisión. Por otra parte, el portavoz del sindicato ACAIP -el principal dentro de ese cuerpo- ha considerado excepcional la visita del Juez a Bolinaga. Incluso cabe la discusión sobre el propio carácter terminal de la enfermedad del secuestrador, que la forense de la Audiencia discute. El Ministerio Fiscal tiene cinco días para recurrir el Auto de libertad condicional.

No obstante, el asunto de Bolinaga no es sólo jurídico porque el propio terrorista lo ha convertido en algo político. Sus declaraciones, las movilizaciones en su favor y la supuesta huelga de hambre en apoyo del preso han hecho de su petición una cuestión política con la aquiescencia del etarra. ETA y sus amigos han convertido a Bolinaga en un héroe. Cuando muera -preso o en libertad- lo harán un mártir. No depende del Estado controlar la capacidad mitificadora de los nacionalistas vascos. Jon Juaristi ha explicado magistralmente la victimización melancólica del nacionalismo y es una necedad engañarse. Si el Estado es firme, los etarras se harán los mártires. Si es débil, los etarras celebrarán su victoria sobre España.

De todos modos, lo importante no es tanto lo que hagan los terroristas y sus amigos sino -sobre todo- lo que hagamos los demócratas. Lo relevante es la fortaleza que el Estado debe mostrar frente a los pulsos nacionalistas. He aquí el problema del caso Bolinaga: además de ser la pretensión de un criminal, la libertad condicional es un desafío al Estado democrático. So pretexto de invocar la ley, los amigos de ETA pretenden una nueva victoria sobre España y sus libertades. Una vez más, han doblado el brazo del Estado invocando sus propias normas. Sí, sin duda son necesarias reformas legislativas profundas y más serias que algunas ocurrencias que estos días leemos y escuchamos en boca de algunos ministros.

Si se puede doblegar al Estado de este modo, ¿qué nos cabrá esperar ante una ofensiva de Bildu o el PNV? ¿Qué sucederá tras las elecciones vascas? Si el Estado es tibio ahora, ¿qué sucederá si Bildu inicia un proceso independentista con el modelo kosovar como referente? El Estado debe mostrar la máxima firmeza frente a las tretas y las trampas de ETA y sus amigos. Bolinaga es una trampa más que se tiende al Estado: salga o no en libertad, el terrorista será un héroe y, en su día, un mártir.

El Gobierno de Mariano Rajoy no debería subestimar las consecuencias políticas del asunto Bolinaga ni de la tibieza frente a los terroristas. So pretexto de no dar un mártir a los proetarras -mártir que de todos modos tendrán- ha tomado decisiones y ha hecho declaraciones preocupantes. Aquí no sólo ha habido una resolución judicial sino una decisión previa del Ministerio del Interior que concedía al terrorista el tercer grado. Es verdad que ha habido otras excarcelaciones pero han pasado desapercibidas -y esto es aterrador- o han caído en el olvido (y esto es espeluznante). Algo nos está pasando cuando un etarra sale a la calle sin arrepentirse, sin colaborar con la justicia, sin ceder un ápice en todo aquello que le llevó a delinquir y no pasa nada.

Permítanme compartir con ustedes un recuerdo. En el año 2005, Mariano Rajoy había perdido sus primeras elecciones. El primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero -Caldera, Sevilla, Bono... ¿se acuerdan?- ya había comenzado sus primeras medidas de ingeniería social. La oposición estaba como si les hubiese pasado un tren por encima. El 22 de enero de aquel año las víctimas del terrorismo salieron a la calle para oponerse a la negociación con ETA y una marea de ciudadanos las siguieron; las seguimos. Así continuaron varios años manifestándose cargadas de memoria, de dignidad y de justicia. ¿Lo recuerdan? Ellas comenzaron ese formidable movimiento de oposición a Rodríguez Zapatero y aquella ignominia que fue la negociación con ETA. Ellas salvaron la dignidad de nuestra democracia cuando algunos querían claudicar frente a los terroristas. Ahora algunos dicen que ETA está derrotada pero yo cada día veo que a sus amigos no les va nada mal. Más bien parece que la banda ha dejado de ser necesaria para la desmembración de España. Quienes han abrazado la ideología de los pistoleros, los secuestradores y los asesinos se las arreglan solos desde las instituciones para lanzar pulsos, desafíos y órdagos al Estado. En lugar de derrotados, parecen haberlo ganado todo.

Los próximos meses veremos una gran ofensiva nacionalista contra la unidad de España tanto en el País Vasco como en Cataluña. No es un problema de izquierdas ni de derechas sino que se trata de de nuestra Historia y su sentido, de nuestro Derecho y su fuerza frente a los desafíos y las trampas. Nos jugamos aquí, en suma, todo lo que vertebra nuestra democracia, nuestras libertades y esta formidable realidad histórica que se llama España.

Ojalá nuestros políticos estén a la altura.
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