23 de noviembre de 2019, 2:40:46
Opinion


Italia y la crisis de los partidos

Andrea Donofrio


A la espera de que el Presidente de la República, Giorgio Napolitano, convoque elecciones para primavera de 2013, los partidos italianos se encuentran poco preparados para ese evento y viven una preocupante situación de crisis. Tanto la izquierda como la derecha italiana, muestran sus debilidades y la incapacidad para atraer un electorado cansado de la actual clase política italiana y preocupado por la grave crisis económica. Los italianos se preguntan, ¿por qué seguir votando a los mismos políticos? Por eso, mientras la fecha de las elecciones se acerca y los italianos demandan cambios y el rejuvenecimiento de sus políticos, el inmovilismo y la falta de ideas parece caracterizar a los partidos clásicos y poner en peligro el funcionamiento de la democracia italiana.

La derecha italiana está pérdida y parece vivir una profunda crisis como demostraría la ya comentada noticia de un posible retorno de Berlusconi. El problema parece muy serio: no sólo le falta un candidato carismático y capaz de encarnar sus valores, sino que peligraría la misma existencia del partido al entrar sus propios valores en crisis. En los últimos años, el Pueblo de la Libertad parece haberse apoyado en una complicada mezcla de clientelismo, populismo mediático y fidelidades personales hacia el magnate milanés. Por eso, se está asistiendo a luchas intestinas, a ataques constantes al Gobierno Monti acompañados de solemnes promesas, difíciles de creer. La destra italiana sigue supone una anomalía respecto a sus homólogos europeos y no parece preocuparse por evolucionar, aclarar su postura, eliminar los escándalos de corrupción y a las personas investigadas presentes en las filas de su partido.

Por otro lado, la izquierda italiana sigue estando fragmentada, sin un líder capaz de elaborar un discurso político serio y sensato, antagónico a la retórica populista-demagógica que Berlusconi está reproponiendo. La izquierda italiana debe reducir su distanciamiento de los problemas reales que sufre su electorado, recuperando “el pulso de la calle”. No se trata de reavivar viejos símbolos o planteamientos anacrónicos, sino de reflexionar sobre los errores cometidos y planear nuevas estrategias para enfrentarse a los retos del futuro. La izquierda debe revisar su planteamiento ideológico y político, proponiendo un nuevo proyecto más atento a las necesidades y exigencias de los ciudadanos y ajeno a las luchas de partido. Por eso, el Partido Democrático debería evitar esta lucha interna que se está dando dentro del partido o de preocuparse sólo de con quien aliarse (los ex democristianos, o los ex comunistas). Se trata más bien de presentar un proyecto político reformista y alternativo, que no se limite solo a la demonización de Berlusconi y entendiendo que el cavaliere es el producto de la actual sociedad italiana. Quizás merezca la pena recordar una vez más la frase de Enzo Biagi: “Se puede estar a la izquierda de todo, pero no del buen sentido”.

La crisis de los partidos podría favorecer la aparición de formaciones políticas demagógicas y populistas (como el “Movimento 5 Stelle” de Peppe Grillo) o nuevos partidos que presumen de encarnar el malestar general contra los políticos tradicionales y cabalgan la insatisfacción ciudadana. Tanto el centro-izquierda como el centro-derecha italiano parecen vivir una profunda crisis, aunque su dimensión y las causas son diferentes. Escándalos de corrupción, falta de un programa político, ausencia de un líder carismático, debilitan las principales formaciones políticas italianas y aumentan las preocupaciones por el futuro de Italia. En medio de esta profunda crisis, los partidos italianos parecen necesitar replantear su identidad, refundar su modelo político (posiblemente mejorarlo), reflexionar y ejercer una constructiva autocrítica de los acontecimientos de la última década. Se necesita un cambio urgente, ya que cada vez queda menos tiempo para el 2013.
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