22 de noviembre de 2019, 21:48:44
América

Elecciones 7-O


Chávez y Capriles, a contrarreloj por la presidencia de Venezuela


Venezuela se encuentra en la cuenta regresiva para celebrar sus comicios generales. El domingo 7 de octubre es la fecha escogida para que más de 18 millones de electores elijan o reelijan presidente, en donde sentenciarán en las urnas el destino de los venezolanos en los próximos seis años.


Se acerca la fecha señalada en el calendario electoral venezolano para elegir o reelegir a su nuevo jefe de Gobierno. Un total de 18.338.913 ciudadanos sentenciarán con su voto el destino del país petrolero en los próximos seis años, que este 7 de octubre se debate entre mantener en el poder al presidente Hugo Chávez, quien lleva 14 años al mando de Miraflores, o apostar por un cambio de relevo a cargo del exgobernador del estado Miranda y candidato de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles.

La calle ha sido la gran protagonista y el pulso de una campaña electoral marcada por la tensión política, las comparaciones, las encuestas dudosas y los colores, que se ven representados en multitudinarios baños de masas, bien sea a través de la lluvia “tricolor” de Capriles con su “puerta a puerta” por las ciudades y pueblos de la geografía venezolana, o con la “marea roja” de las procesiones chavistas en los que son considerados sus “bastiones” políticos.

En un país que desde hace poco más de una década vive en medio de una profunda división política y social, este diario se ha dado a la tarea de elaborar un breve manual que dan las claves para comprender unos comicios que ponen los ojos de América Latina sobre Venezuela.

PIE DE FOTODos discursos: dos Venezuelas

En las elecciones del 7-O los venezolanos no se encuentran ante el dilema de votar por un partido, si no de hacerlo por el país en el cual desean vivir. El candidato del gobierno, quien aspira a su tercera reelección consecutiva se mantiene en su línea de profundizar su proyecto socialista, pese a estar al frente del gobierno en los últimos catorce años.

Con un discurso orientado a la confrontación de clases y al desprestigio de sus rivales, poco ha cambiado el cariz político de Chávez desde la campaña electoral de 2006. De hecho se mantiene inmutable y no da señales de querer ceder espacio e independencia a las instituciones del Estado, las cuales han sufrido un proceso de centralización desde las legislativas de 2005, cuando la oposición cometió el error de llamar a la abstención.

La concepción que el mandatario tiene de los problemas domésticos los condiciona en función de una política exterior con base más a un factor ideológico que económico, en donde el petróleo ha servido de chequera para el desarrollo de una agenda diplomática a “la medida” de los intereses del chavismo, con el establecimiento de bloques regionales como la ALBA, Petrocaribe o la CELAC, todos ellos financiados por Venezuela.

En su discurso Chávez se aferra a PDVSA como la clave para resolver los múltiples problemas que padece el país. Habla de sus programas sociales y cooperativas sin dar soluciones claras sobre cómo va a atacar la inflación o la tasa de homicidios que se encuentran entre los índices más altos de Latinoamérica.

Por su parte Capriles ha apostado por el pragmatismo que le caracteriza, orientando su programa hacia los problemas de fondo de Venezuela, al abordar una agenda más nacional que internacional. Entre sus prioridades se encuentran la lucha contra la inseguridad, la reducción de la pobreza, la vivienda, la escolarización de los niños y jóvenes en riesgo social, la reactivación del aparato productivo con la diversificación de la economía venezolana o la creación de empleo; entre otros.

Asimismo, el candidato de la oposición ha insistido que su Ejecutivo será de conciliación y de unidad, al señalar que “todos” los ciudadanos serán partícipes del nuevo Gobierno. También ha hecho hincapié en el restablecimiento del orden institucional y constitucional, con la separación de los poderes estatales.

PIE DE FOTOLa "guerra sucia”

No existe periplo electoral en donde no haya una “guerra sucia” entre los candidatos o sus partidos y Venezuela no podía ser la excepción. Todo se ha visto en la carrera al 7-O. Desde la retirada clandestina de cárteles y propaganda política, hasta sabotajes y enfrentamientos verbales y físicos en los mítines y concentraciones de campaña.

Un fenómeno que se ha ido acentuando causalmente, tras tras la explosión de la refinería de Amuay, en donde la imagen del presidente Chávez se vio seriamente comprometida y que ha quedado en evidencia con la negativa del Concejo Nacional Electoral (CNE),- entidad administrada por el oficialismo-, de totalizar los resultados del simulacro que llevó a cabo el pasado 2 de septiembre, en una suerte de ensayo general de cara a los comicios de octubre.

Las redes sociales como Twitter o Facebook han jugado un papel estratégico en la cuenta atrás para estas presidenciales, en donde las denuncias por corruptelas y coacción han estado a la carta en los últimos días.

Tras la retirada de apoyos por parte del diputado Willian Ojeda, miembro del partido Nuevo Tiempo y el de cuatro organizaciones políticas como Piedra, Cambio Pana, Manos Por Venezuela y Unidad Democrática, al programa de Capriles; la MUD alertó que el Gobierno ha intentado sobornar a diversas plataformas opositoras para que abandonen al candidato presidencial.

A esto se le suma la denuncia de un grupo del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que divulgó este jueves un vídeo en el que se veía al diputado de la MUD, Juan Carlos Caldera, recibir un dinero presuntamente del extranjero para la campaña de Capriles.

PIE DE FOTO “Souvenir” electoral

La calle ha sido la estrella de la campaña electoral venezolana. Los baños de masas que sendos candidatos se echan en cada uno de sus mítines, son el pulso de lo que deparará el 7-O. Todos ellos condimentados con consignas, banderas, canciones, camisetas, gorras e incluso pendientes con las fotos de ambos líderes para dar color a unas presidenciales que auguran un final cerrado y cuyo resultado recaerá en el voto decisivo de los indecisos.

Chávez sigue siendo el mejor reclamo para lograr sus aspiraciones reeleccionistas bajo el eslogan “Corazón de patria”. Él en sí mismo es la marca que distingue el modelo político y el proyecto de país que representa, por lo que su imagen no sólo ha formado parte del decorado de los denominados “bastiones” del chavismo. También su rostro figura en murales y en hipermercados populares del país. El mandatario incluso ha intentado rejuvenecer su imagen convirtiéndose en héroe de cómic para calar en los nuevos votantes.

Sin embargo, por primera vez en catorce años los colores de la bandera venezolana cobran protagonismo ante el imperante rojo con el que se ha uniformado la política nacional a lo largo de dos Gobiernos.

En contraste con Chávez, Capriles ha reivindicado el factor de “pluralidad” y “nacionalidad” entre los votantes. Una gorra de béisbol con el diseño del símbolo patrio que suele encontrarse en las tiendas de recuerdos turísticos, ha sido la clave de esta transformación. El complemento ha cobrado tanta popularidad entre la ciudadanía que hasta los vendedores ambulantes la distribuyen, pese al veto impuesto por el CNE que prohibe el uso del complemento en cuestión. Norma que tanto el líder de la Unidad como sus seguidores han hecho caso omiso.

Incluso la camiseta de la selección de fútbol venezolana, la “Vinotinto”, muy lucida por Capriles en sus mítines políticos, se ha convertido en otro de los “souvenirs” favoritos de la campaña.

PIE DE FOTOEl limbo de las encuestas

A diferencia de otros comicios que han tenido lugar en los últimos meses en países América Latina, en donde los sondeos marcaban una clara matriz de opinión, el factor en cuestas resulta todo un misterio en Venezuela.

A menos de un mes de las elecciones, las consultoras no terminan por ponerse de acuerdo sobre cuál es la tendencia electoral venezolana. Algunas apuntan como ganador con una marcada ventaja a Chávez, mientras otras hacen referencia al crecimiento sostenido de Capriles en la intención de voto.

Entre las encuestadoras más optimistas hacia un triunfo del oficialismo, se encuentra la empresa Hinterlaces, que le da al gobernante el 50%, 32% al candidato de la Unidad y 16% al los indecisos.

Un resultado similar lo otorga el Grupo de Investigación Social XXI (GIS XXI), a cargo del exministro de Comunicación de Chávez, Jesse Chacón, que asegura que la ventaja a favor del presidente venezolano se ubica entre el 15% y 20%.

También el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) o Datánalisis le dan al mandatario una ventaja de más de 14 puntos. Resultado que contrata con empresas como Consultores 21 y Predicmática que dan una leve ventaja a Capriles de hasta 3,4 puntos.

Hasta los indecisos son objeto de discordia entre las encuestadoras, que oscila entre el 0% y el 23%. El misterio de quién gobernará el país en los próximos seis años pululará en el ambiente preelectoral en lo que reste de campaña. No será hasta el domingo 7 de octubre que se sabrá si los venezolanos se mantienen por la senda del socialismo bolivariano o apostarán por el cambio.
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