12 de noviembre de 2019, 14:45:53
Opinion


En la muerte de Santiago Carrillo



Con Santiago Carrillo se va una de los personajes más trascendentes de la reciente historia de España. Más allá de los panegíricos que gran parte de la izquierda le va a dedicar, hay que reconocerle una considerable capacidad de rectificación en materias como la política de reconciliación nacional, el Eurocomunismo o su papel en la Transición. Sus puntos de encuentro con Suárez resultaron a la postre decisivos en una etapa en la que el país se jugaba mucho, en la medida que su apoyo a la reforma –en lugar de la ruptura- ayudaron a que el PSOE entrara por el mismo camino.

Por otra parte, su papel en las matanzas de Paracuellos durante la Guerra Civil fue algo que le persiguió toda su vida. Y no sin razón. Tampoco estuvo exenta de polémica su ejecutoria durante el exilio, donde supuestamente habría delatado a compañeros suyos que le estorbarían en su ascenso a la cumbre del poder en el PCE. Y lo que desde luego nunca se podrá decir es que fuese un luchador por la libertad; él, que siempre defendió totalitarismos como el de Cuba. En este sentido, también mantuvo siempre una excelente sintonía con el nacionalismo radical, sobre todo el vasco.

En el caso de Santiago Carrillo, su valoración ha de hacerse con un ejercicio completo de exposición histórica rigurosa, y no con acontecimientos sesgados o simplemente a cargo de personas cuya ignorancia del tema es manifiesta: como botón de muestra, el lamentable programa de ayer noche en TVE, donde una colección de periodistas muy respetables por otros conceptos, pero legos en la materia, opinaron sobre lo que desconocían. Ni un sólo historiador, especialista en la época y en el personaje –y hay varios muy expertos- estaba presente en el debate. Lamentable. Pero habitual en el periodismo español.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es