16 de junio de 2021, 18:53:13
Opinión


El cambio social en China

Manuel Ramírez Jiménez


Uno de los temas que más controversia y actualidad encontramos entre los estudiosos de la ciencia política a la hora de plantearse un cambio de régimen con estructura autoritaria a otro inserto en la corriente de democracia formal es, precisamente, la pregunta de qué va antes. ¿Es necesario que la sociedad haya adquirido suficientes niveles económicos y culturales para que pueda instalarse tal tipo de democracia o, por el contrario, es el mismo régimen instalado el que empuja a ese nuevo nivel? Hay ejemplos de lo uno y de lo otro. Piénsese, a nivel comparado, en los casos producidos en África tras la descolonización, o en América del Sur.

Pero el título de estos párrafos nos lleva a hablar de China. En el verano de 1975 tuve la oportunidad (con Mao todavía vivo) de pasar una estancia en lo que era, sencillamente, “la China de Mao”. La regla imperante y de la que partía toda la vida social, política y económica era “el pensamiento Mao”. Un país que, acaso, había salido de la miseria para quedarse a vivir en la pobreza. Los profesores de Universidad y los políticos también tenían que cultivar y comer de lo que sus manos alcanzaban. Ni un coche oficial en las calles, tomadas por un mar de bicicletas. Ni un hotel con nevera. Ni un chino con el pelo largo. Ni una clínica de barrio que hubiera suministrado nunca una píldora anticonceptiva. Ni un periódico extranjero. Sin duda, sin entrar en valoraciones, el sistema más avanzado de adoctrinamiento político más cuidado del mundo.

Años después, en nuestros días, todo ha cambiado. Han hecho su entrada la Coca-Cola y el sexo. Los rascacielos brillan en el Pekín aparentemente más feliz. China ha roto sus fronteras y sus comercios dominan todo Occidente. Impera el libre comercio. El arroz, “manjar” como principio, ha perdido la hegemonía. Queda, eso sí, la moral pública, con la pena de muerte como final de los delitos, sin respuesta al eco internacional.

Y esta evolución en nada afecta a la gerontocracia defensora de la ideología comunista. Siguiendo la pregunta del primer párrafo, ¿por cuánto tiempo? ¿Quién obtendrá la hegemonía final? China ha despertado dentro y hacia fuera. Sus comercios pueblan ya el mundo occidental y el país se ha situado en cabeza de la competencia en cualquier materia. ¿Ya no hay manos que paren el cambio?
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es