27 de mayo de 2020, 14:20:49

Crónica religiosa


Los templos también se mojan



Los templos también se mojan y la Iglesia se ha “mojado”. En los recientes desastres ocasionados por las inundaciones del sur y sureste de la península, donde entre muertos y desaparecidos hay una docena, la Iglesia se ha “mojado” . Los templos han sufrido en sus estructuras y los sacerdotes han acudido a ayudar a todos los afectados. Han sido de los primeros que se han arremangado pantalones o sotanas para acudir allí donde se les ha necesitado y han montado servicios de atención a los afectados en colaboración con cáritas. Sus templos, nuestros templos, se han “mojado” y ellos han hecho y están haciendo lo que se supone que es su misión principal en la tierra: ayudar.

Vendrán, sin duda, críticas de aquellos a los que les molesta que la Iglesia se “moje”, como en este triste y último ejemplo que nos ha tocado vivir en directo y desde donde escribo esta crónica religiosa semanal. Ejemplo que muchos olvidarán enseguida porque conviene hablar de otros asuntos relacionados con la Iglesia, que llevan “escándalo” en sus titulares.

Ahora toca hablar del ex mayordomo del Papa, que seguro se burló de la confianza depositada en él y de las consecuencias que pueda tener este escándalo en el mundo. Ninguna consecuencia grave,, pienso, cuando nos olvidamos las que puedan tener los sacrificios que están haciendo muchos cristianos en el mundo que están siendo masacrados por su fe y que también se “mojan”.

Dentro de unos días comienza el Sínodo, que iniciará sus trabajos a la luz del Año de la Fe y todos volveremos la vista a Roma para ver y conocer lo que se habla y se discute en el aula sinodal, desde donde Benedicto XVI, un gran Papa intelectual que seguro quiere "derribar los mitos de la modernidad”. Mitos, que repetimos, nos han montado algunos. Por eso, Jesús Murgui, nuevo obispo de Orihuela-Alicante, en su toma de posesión ha hecho un llamamiento a “Evangelizar en tiempos de crisis”, además de decirnos que “la función de la Iglesia es darse a conocer”. Y que mejores formas que el Sínodo en Roma y la actuación diaria y sacrificada de los sacerdotes que “se mojan”.
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