15 de noviembre de 2019, 8:48:05
Cultura

expone en la galería Alfama


Mercedes Gómez-Pablos: "El afán de originalidad mata al artista"


A punto de inaugurar, el miércoles, en Madrid, una exposición sobre Madrid en la galería Alfama, Mercedes Gómez-Pablos (Palma de Mallorca, 1940), nos recibe en su estudio, que es también su vivienda, rodeada de cuadros a medio embalar. “Se los llevan el lunes para empezar a colgar”. Simpática, elegante, sonriente, Mercedes tiene en las paredes, además de cuadros, infinidad de libros. Nos explica que llevan cada uno el nombre de a quien pertenecen, el suyo o el de su marido, otro gran lector. “Unas Navidades me regaló la primera edición en francés de la obra de Victor Hugo, con una caja al lado. Me dijo: estos son las obras en la edición de bolsillo, ¡ni se te ocurra tocar la primera edición! ¡Pero si me la acabas de regalar!, le contesté.”


Para una artista española como usted que ha vivido en Mallorca, Canarias, Barcelona, París, Chile, Nueva York y, por supuesto, Madrid, ¿qué representa Madrid entre todos estos destinos?
Madrid son mis raíces, donde pude empezar a realizar mi auténtica vocación, con 16 años. Antes, yo divagaba. Quería estudiar filosofía y letras, quería dedicarme a escribir, tenía infinidad de aficiones. Si hubiera sido un hombre, me hubiera gustado dedicarme a marino solitario. En mi familia hay muchos marinos y yo necesito el mar para vivir. Y la soledad. Entonces Madrid representó mi elección. Eso que, al final, acaba por absorber las mayores horas de tu existencia. Descubrí que mi vocación era la pintura por lo que ya sentía pasión y encontré en la figura de mi profesor de entonces, Eduardo Peña, la primera persona que confió, que apostó por mí y por mi obra. Peña supo inculcarme la búsqueda de la perfección, la no satisfacción inmediata, además de enseñarme un oficio.

Además de su profesor, ¿recuerda alguien en concreto que fue importante en esa decisión que tomó de convertirse en artista?
Si, esa otra persona fui yo misma. Unos meses antes de ingresar en la Academia, mi madre me mandó a estudiar unos meses a París. Allí viví en una residencia de religiosas, la superiora era hermana de mi abuela, y durante unos meses me dediqué a recorrer exposiciones, ver arte y ver cultura. Recuerdo en concreto que el Museo de Picasso me impactó profundamente y fue esencial para mí a la hora de pintar. También leí muchísimo, pero, en realidad, no tenía clases, y estuve la mayor parte del tiempo sola conmigo misma. Ese doble mío con el que hablaba es quien me convenció de que debía dedicarme a la pintura.

Háblenos de los cuadros que expone a partir del miércoles. ¿Son todas obras recientes?
Salvo dos que son historia, todos son trabajos de estos últimos dos años. Hay una profusión muy grande del color, entre otras cosas porque considero que Madrid es una ciudad muy viva, sobre todo habiendo vivido tanto en París, cuyo encanto es el gris, los grises. En Madrid, su fuerza y su encanto es el color.



A medio camino entre la realidad de las casas y la ficción de los objetos…
Leonardo da Vinci dijo que la pintura siempre es algo mental. Obviamente hay una imagen exterior, el color, el clima, las palabras, la gente, que te marca e influye. Pero todo pasa por tu mente, lo digieres por decirlo de alguna manera, y luego lo expresas según tu estado de ánimo, tus vivencias. Yo pinto mucho con música, por ejemplo. Hay una serie de fuerzas que te influyen pero que pasan por tu estado mental y reflejas lo que eres tú mismo. El poeta José Hierro decía sobre mi pintura que yo siempre pintaba autorretratos a pesar de representar una casa, unas flores, objetos o Madrid.

¿Cuál sería el cuadro, o los cuadros, que para usted representan la pieza clave de esta exposición?
El numero 10 de esta exposición es el retrato de mi nieta Carolina, la única madrileña que tengo. Me gustan mucho los retratos. No los hago de forma académica, sino que pongo mucho de mí. Hay una simbiosis entre a quien le hago un retrato y yo.

Esta exposición también viene dedicada a Antonio Mingote, ¿qué lazos le unían a este escritor?
Desde que conocí a Antonio Mingote, hace de esto muchos años, se creó una amistad inmediata, una corriente de simpatía y admiración mutua y que duró el resto de su vida. También me escribió un texto para una de mis exposiciones que ahora he querido recoger en el catálogo de esta exposición. Una vez le quise regalar un cuadro. Yo quería darle el más grande. Había sacado muchísimos para que pudiera elegir el que más le gustara. Vino con su mujer Isabel. Entonces, Antonio eligió el más mas pequeño. Yo, la verdad, es que me quedé un poco desilusionada cuando se marcharon, hasta que volvieron a llamar a la puerta, era su mujer, que venía sola porque a Antonio, en realidad, le había gustado otro, pero no se atrevía a elegirlo por ser un poquito más grande. Así era de delicado Antonio Mingote. Un ser excepcional.



Parece que ya son pocos los que apuestan por el óleo, frente a la fotografía, la mezcla de materiales o incluso el video. ¿Qué piensa una artista como usted, que lleva en este mundo mas de cincuenta años, de los figuras emergentes de hoy en día?
Pienso que hay cosas interesantísimas porque dentro del arte, una de las cosas más importantes, es la investigación. No se puede uno quedar pintando siempre el mismo cuadro. Hay pintores que lo han hecho y les ha ido muy bien. Yo no estoy en esa línea. Yo soy un ser que va a saltos, que investiga, que busca, siempre dentro de un mundo clásico. No abandono el dibujo, no abandono el óleo, ni la figuración. Tanto el video, como la fotografía, o las mismas instalaciones, las considero muy interesantes, me encanta verlas y observarlas. Desde mi punto de vista, existe en ellas un gran peligro cuando caen en el afán de originalidad. El afán de originalidad mata al artista. El artista tiene que expresar lo que siente a través del video, de la foto, o lo que sea, pero el buscar la originalidad para llamar la atención es lo que me parece falso y peligroso.

¿Qué le diría a un joven que desea estudiar Bellas Artes y convertirse en pintor?
Que dibuje, que dibuje y que dibuje, que es lo que luego da libertad para realizar lo que uno quiere.

¿Si tuviera que volver a nacer, volvería a ser pintora?
Obviamente. ¡No hay la menor duda!
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es