21 de abril de 2021, 19:52:30
Opinión


El juez Pedraz y la decadencia de Occidente



En un estado de derecho, las resoluciones judiciales han de acatarse. Ahora bien, para ello es imprescindible que dichas resoluciones se ajusten a ciertos cánones procesales, entre ellos la de no faltar en respeto a nadie. Que es justo lo que ha hecho Santiago Pedraz, el juez de la Audiencia Nacional que justificaba los desmanes cometidos a las puertas del Congreso por los antisistema ante la “decadencia de la clase política” y los “excesos” de la policía. Una policía que, como puede verse en multitud de imágenes, tuvo que soportar todo tipo e improperios y se vio obligada a cargar ante la violencia mostrada por los manifestantes.

No será la última vez que los antisistema sitien el Congreso. Esa acción perturba ostensiblemente el normal funcionamiento del poder legislativo, uno de los pilares de nuestra democracia. Es por eso que se persigue penalmente cualquier intento de violentarlo, como intenta estos días esa izquierda tan del agrado del juez Pedraz. Sus opiniones políticas no son procedentes. Ni relevantes. El Sr. Pedraz actúa como juez y a ello de atenerse. No como politólogo, materia que parece desconocer ampliamente. Sí, en cambio, nos interesa su forma de administrar justicia. en la que, dicho sea de paso, no tiene cabida opiniones personales, sino únicamente razonamientos jurídicos. Si el juez Pedraz está de acuerdo con los postulados de Oswald Spengler, el historiador alemán que escribió La Decadencia de Occidente, que los reserve para la esfera privada en lugar de verterlos en un auto judicial.

Tampoco es de recibo el corporativismo que ha mostrado -una vez más- el Consejo General del Poder Judicial, y especialmente su portavoz, Gabriela Bravo, amparando a título particular al juez Pedraz. Quienes realmente merecen amparo en este caso son los policías que ven cuestionado su trabajo por gentes que no hacen sino ponérselo francamente difícil, y políticos que han de mirar de reojo a las puertas del Hemiciclo por si un puñado de energúmenos se cuela dentro con intenciones de importunar el libre debate de los representantes de la ciudadanía. No hay más que ver el lema que les aglutinaba: Tomemos el Congreso. Lo que hay que tomar son medidas legales contra quienes amparados en una toga habilitan constantemente a los radicales anti-sistema.
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