29 de enero de 2020, 11:16:56
Opinion


Los madrileños y el derecho de manifestación



Esta pasada semana la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, abría la caja de Pandora al poner sobre la mesa el exceso de manifestaciones que sufren los madrileños y qué hacer al respecto. Vaya por delante que la señora Cifuentes en ningún caso ha sugerido, como dice el PSOE, laminar derecho fundamental alguno “con tintes autoritarios” -Soraya Rodríguez dixit- sino, en todo caso, tutelar uno de esos mismos derechos en pro de sus conciudadanos: el derecho a la libre circulación que muchos madrileños ven conculcado casi a diario.

En lo que llevamos de año, los madrileños han padecido ya más de 2.200 manifestaciones, casi todas por la misma zona -las inmediaciones de la Puerta del Sol-. Hace pocos días, los comerciantes de esa zona elevaban una queja por los enormes perjuicios que todo ello les supone: cortes de tráfico permanentes, falta de clientela ante el efecto disuasorio que este tipo de concentraciones suelen tener para alguien que simplemente quiere ir de compras o pasear y, en más de una ocasión, destrozos varios.

Cara al exterior, Madrid empieza ya a tener imagen de “ciudad-protesta”, y no es para menos. Manifestación, reunión y expresión son derechos constitucionales y como tan han de tutelarse. Pero también se ha de velar por el resto de derechos que asisten a los madrileños. Nadie dice que deba haber un cupo de manifestaciones, aunque sí un uso racional de esa facultad, sin que interfiera o moleste a quines no secundan ese acto y quieren ejercer su derecho de transitar tranquila y libremente por lugares que son públicos, que no privados. Lo contrario es una mezcla de demagogia y sectarismo.
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