18 de noviembre de 2019, 17:45:10
Opinion


Rajoy, por fin, se enfrenta a Artur Mas

Joaquín Vila


Tampoco hay que pedir peras al olmo, ni que levante la voz más de la cuenta, pero Rajoy, por fin, ha calificado de “disparate” las veleidades independentistas de Artur Mas y de Urkullu. Su crítica se ha centrado en explicar a los nacionalistas catalanes y vascos que fuera de España se quedarían a la intemperie y que su industria y su productividad no tendrían salida ni en nuestro país ni en Europa. Está bien dicho y es verdad.

Pero la cuestión de fondo es otra. Y, seguramente, por táctica electoral, el PP no ha querido destapar la caja de los truenos. Las pretensiones independentistas son imposibles, ilegales e inconstitucionales. Para que Cataluña o el País Vasco obtuvieran esa soberanía que tanto ansían, habría que reformar la Constitución y para ello se necesitaría que tanto el Congreso de los Diputados como el Senado aprobaran por dos tercios de las Cámaras tal propuesta que, sin duda, nunca saldría adelante. Pues el PP con su mayoría absoluta y, se supone que también el PSOE, la tumbarían.
Pero en el hipotético caso de que el Parlamento se volviera loco y aprobara dicha propuesta, debería celebrarse un referéndum en toda España. Pues, tanto Cataluña como el País Vasco forman parte de nuestra nación, por lo que debería ser la mayoría de los ciudadanos la que apoyara esas segregaciones.

Y la última prueba de que tampoco esa fórmula saldría adelante es la última encuesta del CIS. Más del 40 por ciento de los españoles considera que el Estado autonómico debería desmontarse o, al menos, que las comunidades tendrían que perder buena parte de sus competencias por coherencia y ahorro. Y seguro que la inmensa mayoría se opondría a la independencia de esos territorios. Lo tienen crudo, pues, Mas, Urkullu y compañía.

Rajoy, que al menos le ha dado un caponcete a Mas, debería ahora atacar por ese flanco de la ilegalidad. Para que los nacionalistas no engañen a sus ciudadanos haciéndoles creer que con un mero referéndum local conseguirían esa absurda, anacrónica y paleta independencia.

Es probable que la táctica electoral del PP tenga una segunda parte aún más sibilina: que Mas y Urkullu se estampen ellos solitos con la cruda realidad y con la imposibilidad de declarar la independencia. Que se estrellen y hagan el ridículo. Porque ni España ni Europa se lo permitirían. Se arruinarían, sí, pero además se quedarían aislados del mundo. Serían como Albania antes de que cayera el muro. Unos territorios desolados y despreciados por el resto del mundo. Y el Barcelona, a jugar con el Granollers y el Manresa. En una liga catalana de máximo interés. Y Messi e Iniesta, al Madrid.
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