13 de diciembre de 2019, 15:38:23
Opinion


La otra Cataluña

David Ortega Gutiérrez


No cabe duda que Cataluña está viviendo en términos políticos un momento histórico y enormemente peligroso. La mayor parte de la clase política catalana ha optado por romper el pacto constitucional y de convivencia que todos los españoles nos dimos en nuestra Transición política -de la dictadura franquista a la democracia presente. Este hecho histórico y clave para la paz y prosperidad que hemos vivido en estas tres décadas, cristalizó en la Constitución de 1978, la única que realmente ha funcionado en los dos siglos de desastrosa historia constitucional española (1812-2012). La Constitución de 1978 es nuestro gran Acuerdo o Pacto de convivencia, el reflejo democrático de los principales pilares en que se asienta nuestro régimen político y democrático: el Estado de Derecho, la soberanía popular, la monarquía parlamentaria, la libertad y la igualdad como principios esenciales de convivencia, la unidad de la Nación española, el principio de solidaridad, etc.

En democracia lo esencial no se discute, se da por supuesto, aceptado, asumido y compartido. No podemos discutir los derechos fundamentales, como no se puede discutir la separación de poderes o el principio de legalidad, pues esto es la base de un sistema democrático. Lo he dicho por activa y por pasiva, no hay democracia sin Estado de Derecho, las normas jurídicas hay que respetarlas, y la Norma Fundamental de España es su Constitución, donde en su artículo segundo se recoge que la Nación española es patria común e indivisible. Este es el pacto de convivencia, el acuerdo que nos dimos todos y que ahora hay que respetar. Es verdad que se puede cambiar, pues en nuestra Constitución no hay partes rígidas o pétreas que no se puedan modificar o reformar -a diferencia de la Constitución francesa o italiana que sí las tienen-, pero esto no se puede hacer de cualquier forma, hay un Título X que regula la reforma constitucional y en este caso concreto se aplicaría el artículo 168 ya que la reforma afectaría al artículo 2 que como todo el Título preliminar, junto con los derechos fundamentales del artículo 15 al 29 y el Título II, están especialmente protegidos. Para su reforma se necesitan dos tercios del Congreso y el Senado, disolución de las Cámaras, otra vez dos tercios de las nuevas Cámaras constituyentes y referéndum del pueblo español.

El pasado 12 de octubre hubo en Barcelona una importante manifestación. Se dio en la Plaza de Catalunya de Barcelona, el tiempo no acompañó pues llovió, pero la Plaza se llenó. Y estoy convencido que esto ha sido un antes y un después, las siguientes serán más mayoritarias, pasará como en el País Vasco, hay que perder el miedo al nacionalismo excluyente. Es importante que el pueblo catalán reaccione ante el ataque a la democracia que se recoge en nuestra Constitución de 1978 y que se defienda con convicción y claridad que hay catalanes que creen en el Estado de Derecho que nos hemos dado. Las normas hay que respetarlas. Hay muchos catalanes que defienden la convivencia que hemos diseñado en nuestra Constitución, que no quieren volver a tiempos pasados de conflictos y enfrentamientos. Hay que tener altura de miras y trabajar por nuestro actual sistema político e institucional, que mucho nos ha costado construir. Es muy bueno que los catalanes que creen en la concordia en vez de en la discordia salgan también a la calle para luchar por aquello que entre todos hemos construido. Son muchos los catalanes que se sienten también españoles y que no quieren cambiar el actual sistema político institucional diseñado en el año 78. Esto y no otra cosa es lo que nos estamos jugando: la ruptura o la defensa de las reglas democráticamente dadas. Es clave que la Constitución de 1978 sea defendida en Cataluña junto con los principios democráticos y de convivencia en ella recogidos. Cuantos más catalanes la defiendan mejor para Cataluña y para el resto de los españoles, que queremos vivir en paz y en concordia como todos estos años, sin volver a tiempos pasados de vulneraciones constitucionales que nada bueno nos depararon. Bastantes problemas tiene ya España para abrir el debate de la ruptura nacional y constitucional.
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