13 de noviembre de 2019, 4:08:27
Opinion


Elecciones: ¿Y, ahora, qué hace Rajoy?

Joaquín Vila


En parte, Rajoy ha salvado los trastos. Feijóo ha revalidado e incrementado con toda justicia su mayoría absoluta. La gestión del presidente de la Xunta ha sido impecable y los gallegos pueden respirar tranquilos, pues un gobierno del PSOE aliado con todo el batiburrillo nacionalista hubiera aguzado la crisis económica mientras se dedicaban a reivindicar las bobadas pseudoindependentistas. Que hasta allí ha llegado la tontería del nacionalismo extremista.

Pero los resultados electorales en el País Vasco son una auténtica tragedia para España. Los independentistas del PNV, con 27 diputados, y los proetarras de Bildu, con 21, han ocupado el Parlamento de Vitoria. 21 escaños, pues, que atufan a dinamita. 21 metralletas que apuntan al corazón de nuestra nación, de nuestra esencia, de nuestra cultura, de nuestra Historia, que los proetarras utilizarán para disparar contra España y que ETA aprovechará para volver a llenarse los bolsillos de dinero que, si nadie lo remedia, empleará, una vez más, para rearmarse.

La banda, todavía armada, ha logrado, de nuevo, chotearse de todos y aplaude con las orejas al conseguir lo que pretendía con sus falsos y cínicos comunicados de cese de la violencia. Porque ni se han disuelto ni han entregado las armas. Y ahí siguen, al acecho. Ahora, sentaditos en los escaños, cobrando suculentos sueldos de nuestros impuestos y, además, gobernando un porrón de municipios, entre ellos San Sebastián. Una vergüenza.

Las cesiones indignas de Zapatero al propiciar la legalización de Bildu con la mema pretensión de aplacar las iras terroristas y la falta de coraje de Rajoy para poner todo el Estado de Derecho a investigar y desmontar al partido proetarra han propiciado que el País Vasco caiga en manos de los aliados de los asesinos y del PNV, un partido que cada día se obsesiona más con dedicar todos sus esfuerzos a un objetivo: la secesión.

Artur Mas se va a quedar relegado con sus fanfarronadas y a perder el protagonismo que tanto le gusta. Porque Cataluña, por mucho referéndum que pretenda celebrar, y que nunca será aceptado por el Parlamento español ni por el resto de españoles, no tiene metralletas en su Parlamento. Sólo un amplio grupo de extraterrestes retrógrados que pretende levitar, aislarse del mundo y levantar ridículas fronteras cuando el mundo se globaliza y se une para ser más fuerte y coherente. Y, aunque Europa no termina de ponerse de acuerdo en nada, nunca aceptará que los catalanes formen un Estado dentro de la UE.

Los siniestros Gobiernos autonómicos de Cataluña y el País Vasco son los problemas más acuciantes y difíciles a los que se enfrenta Rajoy. Está luchando a brazo partido, aunque con escaso éxito, por remontar la crisis económica. Pero las bombas nacionalistas e independentistas pueden, aún más, hacer saltar por los aires la convivencia entre los españoles.

¿Y ahora qué va a hacer el presidente del Gobierno? ¿Cómo va a atajar estos dos frentes que amenazan la estabilidad y la coherencia de España? De momento, no sabe, no contesta. Y, mientras, el PSOE tan contento, pese al batacazo descomunal que se ha vuelto a llevar en las urnas. Rubalcaba tiene los días contados. O el PSOE se va por el desagüe. Y, Zapatero, el máximo responsable del secesionismo y de la crisis, tan pichi, descansando en su mansión de Somosaguas. ¡Menudo marrón que le ha dejado al pobre Rajoy!
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