1 de agosto de 2021, 22:05:03
Cultura

estrena el documental [i]madre[/i]


Mabel Lozano: “He sido una actriz mediocre, pero soy muy buena comunicadora"


Mabel Lozano estrena el próximo miércoles el que es su quinto documental, Madre, una cinta calificada por la crítica como “experimental” por la frescura y la espontaneidad de su planteamiento. madre es un puzle de cinco historias autofilmadas por sus protagonistas con cámaras domésticas: cinco mujeres que graban día a día su embarazo, no tanto desde el punto de vista biológico como del sociológico, desnudándose –literal y figuradamente- ante la cámara para hablar de sus miedos, sus frustraciones, sus alegrías, sus triunfos, la relación con sus parejas o las expectativas con respecto a sus bebés. Por Laura Crespo


¿Por qué hacer un documental sobre la maternidad?
La verdad es que este documental viene muy avalado por mis anteriores trabajos, que tienen todos que ver con la mujer. ¿Por qué la maternidad? Porque la maternidad contemporánea no tiene nada que ver con la de nuestras madres ni abuelas, que ya no pueden ser un referente para nosotras. Ellas nacían para ser madres y esposas, punto pelota. La mujer de hoy en día quiere promocionarse profesionalmente, quiere tener un puesto de trabajo y una estabilidad antes de tener un hijo, que es una responsabilidad para toda la vida. De hecho, hoy en día hay muchas mujeres que deciden libremente que no quieren ser madres, y es otra opción.
Una de las protagonistas en el documental, Alicia, lo cuenta perfectamente. Se da cuenta de que a los 25 o los 30 años los que consiguen la estabilidad profesional y personal son los hombres porque sobre las mujeres siempre planea la sombra del embarazo. Ella decide conseguir esa estabilidad, viajar, llegar a la independencia económica, desarrollarse profesionalmente… y todo eso retrasa su maternidad. Lo elige así, igual que elige a los cincuenta someterse a un tratamiento de fertilidad para ser madre y hablar de ello sin prejuicios. Ella hace una reflexión que me parece maravillosa cuando dice que ya está bien de que las mujeres tengamos esos techos de cristal que nos sitúan siempre con unos plazos. Por primera vez las mujeres podemos elegir.

Entonces, y sobre todas las cosas, ¿qué significa hoy ser madre?
Es una opción en libertad de la mujer. Y eso es lo que estamos contando. Ya no es algo implícito a nuestro género.


¿Cómo escogió a las madres que participan en la cinta?
Los perfiles que quería los decidí desde el minuto uno. En realidad yo no quería cinco mujeres, sino seis. Quería la madre en adopción, la adolescente, la primeriza que rondara los cincuenta, la madre inmigrante, una madre con algún tipo de discapacidad y quería también una mamá de familia numerosa, que estuviera esperando su tercer o cuarto hijo. Esta última no ha podido ser porque todas me dieron calabazas. Encontré una en Toledo a la que convencí, me dio el sí, y a los quince días me devolvió la cámara y me dijo: “tengo tres hijos, estoy esperando el cuarto y sólo tengo dos manos, ¿con cuál cojo la cámara?”. Sí que conseguí el testimonio de una mujer que estaba esperando su tercer hijo, pero sólo para la presentación del documental en Seminci (Semana de Cine de Valladolid), para hacer un guiño a la mujer vallisoletana y porque eran sólo 15 días de autofilmación y no cinco o hasta ocho meses como han estado las demás.
Fue muy difícil convencerlas porque yo no quería grabar el proceso fisiológico o biológico del embarazo, sino el aspecto sociológico de la maternidad, lo que implica entrar en su casa, con sus cosas, con su pareja, con sus amigos… entrar en su intimidad.

¿Por qué además de mujeres anónimas eligió también a Irene Villa para el casting?
Me enteré por la prensa de que Irene estaba embarazada. Ella es fan de todos mis trabajos, ha ido a todos mis estrenos y, de hecho, cuando estrené La teoría del espiralismo, sobre mujeres paralímpicas, me dijo que le hubiera encantado participar en ese documental porque ella practica el esquí. La llamé y le dije: “no sé si tú te has quedado embarazada para estar en mi documental o yo he hecho el documental porque estabas embarazada, pero este es el momento”. Tuvo muchos problemas con su familia porque le dijeron que era un tema muy privado para compartirlo día a día. La cámara que le dimos fue testigo del día que se puso sus primeras prótesis con pies después de 20 años… son cosas muy íntimas. Al final ella se empeñó y lo hizo y a través de ella hemos tocado el tema de la discapacidad física y de cómo se puede superar lo que a priori parecen limitaciones. Si quieres, puedes. En el caso de Irene, es el triunfo de la vida.

Hemos dicho que ser madre a día de hoy es una decisión. En la parte del documental que retrata el embarazo de Irene Villa, se sigue a la premamá en una concentración en contra del aborto, un tema complica en este aspecto. ¿Se situaría esta película en uno u otro lado de la polémica?
No se posiciona en ningún momento. Aunque en todos los documentales que hago dejo de alguna manera mi impronta, este es diferente y la visión es la de ellas, hay muy poca manipulación desde la dirección en este sentido. En el caso de Irene, es su opinión, y ella lo explica perfectamente: no es una visión condicionada por la política ni por los partidos, sino la suya propia derivada de que, si fuera por el miedo de su padre, ella probablemente no viviría. Ella cuenta cómo su padre, al decirle los médicos tras el atentado que no tenía piernas, ni manos y la cara destrozada, dijo que la dejaran morir. Es una cosa obvia que piense que hay que darle la oportunidad de vivir a todo el mundo. Creo que este es un documental que no se posiciona en ningún sitio y que, en cualquier caso, es la posición de cada una de ellas, que está respetadísima. Pero tampoco queríamos hablar del aborto porque es un documental sobre la vida, sobre la maternidad en el siglo XXI.

En el documental se aborda también el tema de la conciliación laboral, ¿en qué momento cree que se encuentra España en este aspecto?
La conciliación es la mayor falacia y mentira que nos han contado a las mujeres: no se concilia en este país. Primero, porque las empresas no ponen el foco en las personas, sino en las horas presenciales, y no miran a los objetivos o las metas. Si las empresas se basaran más en objetivos y dejaran organizarse las horas para conseguirlos a los empleados, se podrían lograr las metas haciendo los horarios compatibles con los de los hijos. Aquí se dicta que tú trabajas de nueve a ocho, hagas lo que hagas. Las horas presenciales son todavía prioritarias en nuestro país. Seríamos una población mucho más feliz si se pusiera el foco en los seres humanos. Además, el concepto está mal entendido: todo el mundo se cree que la conciliación es cosa de mujeres embarazadas cuando en realidad es un problema de hombres y mujeres.

En su caso, con mellizos y siendo madre trabajadora, ¿cómo se las apaña?
Yo he priorizado, pero tampoco he parado de trabajar. Desde que empecé a hacer documentales hace siete años hasta ahora he hecho un máster de Cine Social y Derechos Humanos en Irlanda, he estudiado dirección de actores, realización, guión… no he parado de formarme y trabajar. Cuando mi hija tenía cuatro años, le preguntaron en el colegio que de qué trabajaba su mamá. Su respuesta fue que era mamá. Yo me levantaba por la mañana a darles el desayuno y cuando llegaban por la tarde del cole, ya estaba en casa. Condicionaba mi trabajo al horario del colegio de mis hijos. Yo soy ‘freelance’ y tengo la fortuna de poder hacerlo, pero la mayoría de mujeres tiene que cumplir un horario que no les permite conciliar, no les permite disfrutar de sus hijos, de su ocio, no les permite estudiar o hacer otras cosas con las que serían más felices, y al final esa felicidad acaba repercutiendo de forma positiva en el propio trabajo.

Hemos hablado de factores sociológicos, como la realización personal y profesional de las mujeres, que retrasan la maternidad, pero, ¿y los económicos? ¿Pesa la crisis en algo tan básico, natural e importante como ser madre?
Absolutamente, tanto en el tema de la adopción como en el de la maternidad biológica. Aquello que decían nuestras abuelas de “donde come uno, comen dos” es mentira. Los niños no sólo comen: visten, van al colegio, hay que ponerles ortodoncia… Todos somos conscientes, por ejemplo, de la subida del precio de los libros. Muchas familias españolas no han podido comprar los libros de texto a sus hijos este año y está claro que no es lo mismo libros para uno que para tres. Cada hijo multiplica las necesidades del anterior y añade otras. También en eso se ha cambiado. Antes no se atendía tanto a los hijos de forma individual. Ahora, yo no soy madre de dos hijos, soy madre de Roberta por un lado y de Jacobo por el otro, y sus necesidades no tienen nada que ver.

¿Cómo ha sido el trabajo de seleccionar y editar todo el material grabado por cinco mujeres durante tantos meses?
Hemos trabajado un equipo bastante grande. Después de hacer una primera criba en la que se eliminaron las imágenes que no se veían o no se escuchaban, como muchas veces que se dejaban la cámara encendida en el bolso y cosas así, quedaron 290 horas que fueron las que me llegaron a mí. Yo no daba crédito… Podría haber montado este documental o cinco completamente diferentes con las mismas protagonistas. Luego ha habido mucha posproducción de imagen y de sonido para poder dar la máxima calidad dentro de las posibilidades de la naturaleza del documental. Llegué a llorar al no poder montar cosas maravillosas porque no se escuchaban bien o tenían música de fondo.

Ha comentado que este documental es el más diferente de los cinco que ha estrenado hasta ahora. ¿En qué sentido?
Primero por lo que comentaba antes: todos mis documentales transmiten en realidad mi visión sobre los temas que trato, tienen mi impronta, la de una persona terriblemente positiva y alegre que, incluso en los temas más tremendos, saca un lado optimista. En madre, a pesar de que yo he elegido a las mamás y he decidido el montaje, lo que se transmite es la visión de ellas. Además, es mucho más fresco y espontáneo, porque cuando ellas hablaban estaban solas, no tenían a nadie enfrente que les preguntara o las filmara, lo contaban en primera persona, se desahogaban con la cámara y esa complicidad no la puedes conseguir de ninguna otra manera. Con esta técnica, con la que se olvidan del pudor y son ellas mismas, se ha podido realizar un verdadero estudio sociológico de la maternidad en el siglo XXI.

¿Por qué siempre mirar hacia la mujer en sus documentales?
Sólo hay que mirar alrededor. La conciliación real no existe, aún queda mucho trabajo por hacer en este sentido. Todavía existe la mutilación genital, pero ya no en otros países, sino en personas que viven en nuestro propio país. La feminización de la pobreza es un hecho y causa, en parte, la trata de mujeres. Todavía estamos hablando de decenas de mujeres que mueren cada año en España a manos de sus parejas y ex parejas, muchas de las cuales no habían ni siquiera denunciado previamente a su agresor. Todavía hay mucho que hacer y mucho que mostrar para que haya una igualdad real, no sólo para la mujer, sino para la mujer y para el hombre. Estamos casi insensibilizados cuando leemos noticias sobre mujeres que, a mil kilómetros de distancia de nosotros, no pueden ir al colegio o conducir por el hecho de ser mujeres, van tapadas de la cabeza a los pies o mueren lapidadas, mujeres y niñas que llegan a nuestro país compradas y vendidas como si fueran bolsos o zapatos. Estas cosas ocurren en nuestro mundo y hay que enseñarlas.

¿Qué le dicen los hombres después de ver sus documentales?
Depende de cuál. En los demás, es cierto que no salen muy bien parados. En este sí que hay una presencia muy sólida de hombres, además muy diferentes entre sí. Uno de los críticos que vio el documental en su estreno en Seminci, un treintañero, lloró viéndolo y me dijo que le había fascinado. Afortunadamente hoy la maternidad y la paternidad van de la mano; es otro de los cambios de este siglo, que los padres se implican mucho más. Con La teoría del espiralismo, creo que terminan admirando a las mujeres protagonistas y los documentales sobre la trata de mujeres creo que les ponen nerviosos.



Después de cinco documentales y un corto de ficción, ya puede decirse que ha madurado en el campo de la dirección pero, ¿en qué momento cambia su posición con respecto a la cámara?
La verdad es que no he tenido referentes en mi infancia para querer ser directora de cine, pero sí es cierto que desde que empecé a aparecer en el mundo del cine y la televisión siempre me gustaron las personas que cuentan las historias. Además, creo que he sido una actriz muy mediocre. Puede que mi talento innato esté muy limitado o que no me entregué demasiado, y creo que sí soy una gran comunicadora y presentadora porque soy muy cercana, muy normal y me siento a gusto haciendo de mí misma, pero soy una actriz bastante mediocre. Desde hace siete años quise potenciar esa faceta de comunicadora que sí se me daba bien y utilizarla para contar historias desde detrás de la cámara. En 2005 conocí, a través de la iniciativa solidaria Proyecto Esperanza, el tema de la trata de mujeres, algo de lo que en aquella época nadie hablaba y que se creía algo del Pleistoceno o, al menos, no de una dimensión tan grande, y decidí contarlo. Tuve la suerte de que un buen amigo y una productora confiaran en que una ‘starlette’ de televisión podía ser capaz de liderar un proyecto difícil como aquel. A partir de ese momento, seguí en mi línea de llegar tarde a todos los sitios y acelerar el proceso, así que no he parado de estudiar y de prepararme a marchas forzadas, en parte por un compromiso conmigo misma.

¿Le ha costado mucho hacerse un hueco en este mundo? ¿Notó escepticismo en algún momento por venir de donde venía?
Cuando haces un trabajo digno nadie te cierra puertas. Tampoco te las abre nadie por haber trabajado antes en televisión. Todo va en proporción de tu trabajo. Pero los estereotipos y los tópicos, en mi caso, aún los hay siete años después. Todavía en redes sociales me encuentro comentarios que dicen “¿Pero esta no era la de La Ruleta de la Fortuna? ¿Qué hace haciendo documentales?”. Hay mucha gente que tiene prejuicios sobre tu documental por el mero hecho de que lo has hecho tú. Somos un país muy cainita, con muchísimos tópicos. Yo también tengo que romper esos techos de cristal, pero tengo una edad en la que ni me importan esos comentarios ni me ciegan las buenas críticas.

¿Algún proyecto a la vista?
Voy a hacer un corto de ficción pero basado en una historia real, como hice en Escúchame para no ‘revictimizar’ a la mujer, sobre la violencia de género en adolescentes. Y luego hay un trabajo que completa la trilogía sobre la trata de mujeres, para el que voy a viajar a Brasil, Paraguay, el Congo y Nigeria. Este es el proyecto grande, sobre el que llevo investigando casi siete años y para el que ya estoy empezando a buscar financiación y coproducción con todos esos países.

¿Se ve dirigiendo ficción pura y dura?
La gente que hace ficción me parece muy talentosa. Los admiro porque creo que yo no tengo ese talento ni esa inteligencia para inventarme una historia maravillosa y saber plasmarla en una película. Me parece increíble. Hago documentales primero porque me parece que la realidad supera con creces a la ficción y segundo, y sobre todo, porque a mí los documentales me los ofrece la vida, me los he encontrado, no me los he inventado. Creo que no tengo el talento de la creación, pero sí la sensibilidad suficiente para ver esto que me ofrece la vida y contarlo.

¿Se volverá a poner delante de una cámara?
Como actriz no. Como comunicadora o colaboradora en programas sí porque me encanta, pero como actriz ya he hecho lo que tenía que hacer y ahora estamos ya en otra cosa. Este verano me ofrecieron hacer un corto y un papel pequeño en una película y dije que no. Hay gente que tiene muchísimo más talento que yo. A mí no me gustaría ser compañera de reparto de Elena Anaya o de Ángela Molina, me gustaría estar detrás de la cámara y dirigir a esas pedazo de actrices.

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