27 de noviembre de 2021, 21:24:50
Opinión


La Edad Media o Las Vegas

Juan José Laborda


Estuve con Rodolfo Martín Villa y con Peridis (el dibujante y arquitecto José María Pérez) en Brañosera, municipio enclavado en la “montaña palentina”, para conmemorar el llamado “Fuero de Brañosera”. Fue la primera “carta puebla”, es decir, un documento por el que un conde (Munio Nuñez y su esposa Argilio o Argilona de Trasmiera) concedió privilegios a unas familias para que poblasen aquellos parajes montuosos. Fue el jueves 13 de octubre del 824 y por eso Brañosera es el primer municipio de España. Empezaba un prolongadísimo avance de los cristianos dentro de un territorio dominado por los musulmanes. El conde Munio Nuñez dependía del reino de Asturias. Unos años después, parece que el año 860, Brañosera pasó a la jurisdicción de otro conde, el conde de Castilla. Desde entonces pertenece al antiguo Reino. Hace más de mil años, para los poderes feudales asturianos, castellanos y aragoneses-catalanes, el mito de Hispania era una utopía recurrente. Entre los árabes ocurría otro tanto: “al-Ándalus” era la denominación con la que se referían a un país que coincidía con las tierras hispánicas de los fenicios, griegos y romanos.

El paisaje de municipios como Brañosera es algo tan impresionante como desconocido. La Edad Media a su alcance.

Con la crisis económica se han hundido proyectos turísticos caracterizados por una oferta basada en el lujo estentóreo, el consumo desordenado, el urbanismo hortera, las relaciones humanas trasmutadas en divertimento grosero, la cultura comprada en serie en una franquicia “americanoide”… Una muestra tardía y escandalosa: ¡el casino que un vendedor americano de Las Vegas nos va a plantar en el centro de España!

Volvamos a Brañosera. Al participar en el aniversario de su Fuero, conocí un poco mejor el esfuerzo que hacen los ayuntamientos de su contorno para darse a conocer turísticamente, pero eso sí, orientando su promoción y su oferta en un sentido completamente opuesto al turismo del que antes hablaba.

Conversé con los alcaldes de Brañosera, Jesús Mediavilla, y de San Cebrián de Mudá (municipio contiguo), Jesús González Ruiz, de sus realizaciones y de sus proyectos futuros. En lugar de ofrecer la misma receta turística (antiguamente era “sol y playas”), las corporaciones que presiden proporcionan al visitante (¡no es turista sino viajero!): “lo natural del lugar”. ¡Y qué maravillas pueden brindar!: Un bosque originario, con hayas, robles, tejos, acebos…Habitado por aves, como el águila real o el urogallo…Donde se esconden venados, lobos, jabalíes y osos; sí, osos pardos…. Y por si fuera poco, el ayuntamiento de San Cebrián de Mudá ha construido una reserva donde viven en salvaje libertad: ¡bisontes europeos!

No habrá muchas discotecas. Pero si todavía le conmueve ver arte románico, se halla en uno de los lugares más notables de Europa, por la cantidad y por la belleza de las muestras de ese estilo medieval.

¿Que cuesta algún esfuerzo intelectual y físico apreciar lo que ofrecen esos pueblos al visitante? Desde luego. No ofertan al turista que gusta de divertirse pasivamente, o haciendo excesos sentado ante una mesa, en la pista de baile o comprando compulsivamente. Lo que esos ayuntamientos ofrecen al viajero es cultura, pero entendida ésta como una voluntad de aprender para saber más de la naturaleza, de la humanidad y de la propia existencia personal. Pero, ¿no será ese un turismo del futuro en buena parte de Europa?

Brañosera y San Cebrián de Mudá están en esa política. Estoy seguro que habrá más equipos municipales en la misma onda. Sin embargo, falta un impulso superior que coordine y respalde esas iniciativas. Ésa es la tarea que justifica e incumbe a cualquier Comunidad Autónoma. Aún más, sería una tarea que requeriría la cooperación de varias Comunidades: Asturias, Castilla y León y Cantabria están concernidas en un proyecto que toca directamente su “hecho diferencial”: su impresionante pasado y la conservación de su naturaleza.

Además, hay políticos locales magníficamente preparados para emprender ese cambio en la política medioambiental y cultural, clave para ese nuevo enfoque turístico. Lo comentamos divertidamente: el grupo humano que rigen hoy esos ayuntamientos de la “montaña palentina” podría gobernar Madrid sin dificultades. Tiene explicación: Brañosera y San Cebrián de Mudá, aunque parezcan lugares remotos, sociológicamente estuvieron dentro de la revolución industrial del pasado siglo. El carbón se extraía en poblaciones muy cercanas. Ahora las minas, y las industrias que florecieron junto a ellas, han pasado a la historia. (Esos ayuntamientos están también haciendo arqueología industrial). Pero desde Asturias, pasando por esas localidades palentinas, hasta llegar a Burgos (donde el previsible cierre de la Central Nuclear de Santa María de Garoña abre otro proceso parecido al del cierre de las minas de carbón) la colaboración de los gobiernos autonómicos se hace necesaria para que esos esfuerzos municipales no se pierdan. ¿Podría ganar la Edad Media astur-castellana al casino madrileño de Las Vegas?
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