15 de noviembre de 2019, 9:38:06
Opinion


Madrid Arena: lo que destapa una desgracia

Alicia Huerta


Cuatro jóvenes muertas y una en estado muy grave, que en caso de sobrevivir podría sufrir importantes secuelas, es el conocido balance de la trágica fiesta multitudinaria consagrada al terror para celebrar la noche de Halloween en el Madrid Arena. El impacto por lo ocurrido sigue siendo inmenso y las imágenes, desoladoras: un puñado de personas entre la multitud tirando de manos, hombros y brazos para desenterrar a quienes se habían visto engullidos por un alud humano capaz de enterrarles vivos hasta matarles. Literalmente. Capas y más capas de personas, bajo las cuales se agonizaba sin dejar de luchar hasta el último respiro pidiendo un auxilio que no se logró dar a tiempo. Todas las muertes son dolorosas, también las de las personas de muy avanzada edad o con enfermedades terminales. No hay explicación que valga para consolar de la pérdida de un ser querido, aunque la fe sea, en este caso, un refugio para los más afortunados. Pero cuando quien se va es un joven a punto de empezar a vivir, la desolación se torna aterradora. Sobre todo, si su desaparición es tan repentina como la de Cristina, Katia, Rocío y Belén, que salieron de casa con sus amigos a pasar una noche de fiesta a lo grande y ya no regresaron. No hubo oportunidad para despedidas, postreras palabras de amor, caricias de última hora. Lo siguiente fue el peor de los silencios, el eterno.

Y mientras las familias afrontan su terrible dolor, las investigaciones empiezan a sacar a la luz una preocupante lista de presuntas irregularidades nacidas de la ambición más fría, del afán del lucro a toda costa, esas infracciones que suelen campar a sus anchas durante demasiado tiempo y, a veces, como en esta ocasión, hasta que se destapan a causa de una desgracia. Pero, ¿sabe quien compra la entrada que el dueño de la empresa que la organiza tiene distintos frentes judiciales abiertos y que no es la primera vez que, presuntamente, sobrepasa el aforo permitido vendiendo más entradas? Por no saber, los asistentes a la macrofiesta maldita no sabían ni cómo se llamaba el máximo responsable de la organización del ruidoso evento. No es algo inusual, al contrario, la inmensa mayoría de las veces desconocemos, por ejemplo, quién es el dueño del restaurante al que acudimos. Sin embargo, confiamos en la reglamentación correspondiente, en la adecuada inspección, y no nos dedicamos a pensar en que la comida pueda estar en mal estado o, incluso, envenenada. Más aún, por lo tanto, habría que poder confiar en que se cumplen todos los reglamentos cuando miles de jóvenes van a compartir un enorme espacio en el que se baila, se salta, se bebe, se deambula por todas partes y la música es tan atronadora que no existe posibilidad alguna de comunicación oral. Adormecidos los sentidos a esa hora tan extraña de las 4 de la madrugada, cuando si el muermo no te ha vencido, ya eres inmune al amanecer de resaca.

Poco a poco, van apareciendo datos que vuelven a poner de relieve que hay ciertos sectores en los que las mafias se han convertido en un asunto de carácter endémico. La noche mueve mucho dinero pero parece que para algunos empresarios de la misma, nunca es suficiente. El nombre de Miguel Ángel Flores era ese nombre desconocido para quien compraba la entrada de la Thriller Party que se celebró en el pabellón multiuso de la madrileña Casa de Campo pero en algunos foros era de sobra conocido, así como sus presuntos tejemanejes. Flores acumula en los juzgados 45 notificaciones por impago, en su mayoría a la Seguridad Social, y seis embargos. Por su parte, la SGAE reconoce ahora que mantiene 4 pleitos con el empresario del ocio nocturno y ya han aparecido algunos antiguos empleados que declaran haber visto en otras ocasiones cómo se vendían más entradas de las oficialmente emitidas. Su nombre figura, además, en el sumario de la “Operación Edén” contra las mafias de la noche madrileña y cuentan que el secreto de su “exitosa carrera”, desde su empleo de relaciones públicas en una pequeña discoteca a las afueras de la capital a poderoso empresario, radica en la agenda de importantes contactos que supo ir haciéndose con el paso de los años. Hay que suponer que también por su habilidad a la hora de tratar con los demás palos que aguantan las largas noches de copas. O comes o te comen. Así, los responsables de la empresa de seguridad contratada por Diviertt, el negocio de Flores, tampoco son desconocidos para la policía. Fueron investigados por blanqueo y narcotráfico entre los años 2009 y 2011 y se les conoce como el “clan de los Manzas” por el apellido de Carlos Manzanares, propietario del 90% de la sociedad presuntamente involucrada en otro caso policial, el “Caso Heaven”, una red de extorsión nocturna en la que podrían destaparse hasta sobornos a miembros del cuerpo de Policía. El “Caso Madrid Arena” ya está en marcha y a pesar de que su instrucción será previsiblemente muy larga por la cantidad de pruebas y testimonios que habrán de recogerse, en lo que no se puede tardar es en asegurarse que quien organiza eventos ha pasado siempre todos los controles. Los referentes a la seguridad, desde luego.
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