20 de septiembre de 2021, 6:16:03
Opinión


FRANCO, “DICTADURA DE CARÁCTER TOTALITARIO”, SEGÚN LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Luis María ANSON


Reproducimos a continuación el artículo que con este título publicó Luis María Anson la semana pasada en el diario El Mundo.

“Tras un largo e interesante debate, en el que tuvo destacada intervención Mario Vargas Llosa, el pleno de la Real Academia Española aprobó la redacción del vocablo franquismo que figurará en la próxima edición del Diccionario, prevista para el año que viene.
Franquismo queda definido así: “Dictadura de carácter totalitario impuesta en España por el general Franco a partir de la Guerra Civil de 1936-1939 y mantenida hasta su muerte”.
La primera de las Leyes Fundamentales de la dictadura franquista, el Fuero del Trabajo, comenzaba con este párrafo: “Renovando la tradición católica de justicia social y alto sentido humano que informó nuestra legislación del Imperio, el Estado nacional en cuanto es instrumento totalitario al servicio de la integridad de la Patria…”
Colgado por los pies Benito Mussolini, suicidado Adolf Hitler, consumada la victoria aliada en 1945, y tras el documento pontificio leído en la radio por Pío XII, Benignitas et humanitas, el dictador español trató de salvar los muebles y suprimió del Fuero del Trabajo la expresión “instrumento totalitario”. A pesar del maquillaje, todo siguió igual, salvo el papel de la Falange fascista que quedó disminuido por el nombramiento de ministros teóricamente democristianos, como Martín Abajo. Posteriormente, el Movimiento Nacional vertebrado por Falange Española, fue perdiendo cuotas de poder a favor de los equipos tecnócratas en los que destacaban nombres de políticos vinculados al Opus Dei, como Laureano López Rodó.
Franco encarnó una dictadura militar pura y dura que en los primeros años fue articulada por Serrano Suñer como un fascismo totalitario y después sufrió varias transformaciones. En todo caso, hasta la muerte de Franco en 1975, la dictadura mantuvo el poder absoluto y sin límites del general vencedor de la guerra incivil. El académico de la Real Academia Española, el académico de la Real Academia de la Historia, Pedro Sainz Rodríguez, decía desde su exilio en Lisboa que Franco mandaba más que Felipe II y que “España era un país ocupado por su propio Ejército”. Me asegura Juan Luis Cebrián que Churchill afirmó en una ocasión que “Europa está ocupada por el Ejército alemán, salvo España que está ocupada por su propio Ejército”. No sé si la frase de Sainz Rodríguez es anterior o posterior a la de Churchill pero en todo caso define exactamente la realidad dictatorial de la vida política española.
Franco odiaba que se le llamara dictador. Él iba más allá del fürher y del duce. Él era el caudillo de España por la gracia de Dios. Ordenó que a su dictadura militar, de carácter totalitario, se la llamara “el Régimen”. Y la feroz censura que impuso en España obligaba a todos los medios de comunicación a utilizar la terminología oficial, “por Dios, por España y su revolución nacional sindicalista”. De ese nacional sindicalismo vertical todavía quedan huellas en las actuales centrales sindicales.
El Diccionario de la Real Academia Española es normativo. Cerca de 500 millones de hispanohablantes y 22 naciones acatan lo que en él se establece con la aprobación de todas las Academias dedicadas a limpiar, fijar y dar esplendor al idioma de Cervantes y Borges, de San Juan de la Cruz y Octavio Paz. Y a mantener su fecunda unidad. En la Academia no se hace política ni se especula. Se hace ciencia del lenguaje. Por eso la RAE ha mantenido su autoridad y su prestigio en el vasto mundo del idioma español.
Al franquismo, en fin, se le ha definido científicamente, de forma independiente y objetiva, al margen de manipulaciones y tendenciosidades. La Real Academia Española no entra en disputas estériles. Se limita a cumplir con su deber, prosiguiendo la impecable tarea que desde el punto de vista filológico, lexicográfico y del sentido común, se viene haciendo desde hace 300 años. Entre otras razones, porque el idioma no lo crean los académicos, sino el uso popular y lo sustancial del trabajo de la RAE es codificar lo que el pueblo ha establecido.”
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