17 de octubre de 2019, 9:58:21
Opinion


Otra lección USA

Manuel Ramírez Jiménez


No creo errar en demasía si afirmo que algunos sectores de nuestro país que han permanecido algún tiempo, mayor o menor, en Estados Unidos (turistas al margen), al regreso no han ocultado una serie de “defectos” de aquella gran Nación: mala comida, demasiado tiempo sometidos a prisas, gran cantidad de objetos artísticos traídos de otros países, excesivo individualismo, muy compleja burocracia, trazos de segregación, etc. El regreso a España era la esperanza. Por otra parte, otros sectores lo que hacen es justamente lo contrario: respeto general de todos por la puntualidad, mejores horarios para comida y cena, flexibilidad en las horas de atención a clientes, perfecto sistema de comunicación en el interior del país, etc. Pero, en el asunto que hoy nos ocupa, el de las recientes elecciones presidenciales, las disputas tienen muy poco sentido.

Y nos referimos tanto al fondo, con brevedad, cuanto a la forma. Obama, el victorioso, ha estado a punto de perder. Entre otras razones, por proclamar durante la campaña electoral lo que pensaba reformar: mayor auge a los inmigrantes, impuestos para los más ricos, crecimiento de la clase media y, sobre todo, un cierto matiz socializado para la medicina. ¡No faltó el valor, ni los grupos de presión en contra! Tocar la medicina en USA es algo casi sagrado. Hay que tener seguro o, de lo contrario, queda el trato más penoso, con estancias en los pasillos. Romney, por el contrario, parecería querer mucho menos, por obra de sus silencios y por su apelación, generalizada en todos los aspectos, a centrar todo su interés de su partido republicano en la recuperación del carácter hegemónico de USA, sin el rosario de medidas propuesto por Obama.

Y llegó el final. Ni un insulto en la campaña. Ni una apelación al pasado. Alguien como José Blanco no tendría lugar en este contexto. Cuando se conocen los resultados, Obama se apresura en llamar a los contrincantes para resolver juntos algunos temas de interés. Y Romney no solo le felicita efusivamente: anuncia, incluso, que rezará por el Presidente, que ha anunciado que lo será de todos los Estados y ciudadanos, sin distinción alguna, porque es la “cabeza de una gran Nación”. Solamente una.

Compárese esto con nuestros momentos electorales y se comprenderá la lección de un país con democracia bien consolidada: una lección más.
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