28 de septiembre de 2021, 20:00:39
Sociedad

EL IMPARCIAL entrevista a Elvira Méndez Pinedo, autora de [i]La revolución de los vikingos[/i]


"Los españoles están preparados ya para un referéndum como el de Islandia"


Elvira Méndez Pinedo es la autora de La revolución de los vikingos. La victoria de los ciudadanos (Planeta). Vive en Islandia desde 2001 y actualmente es profesora titular de Derecho Europeo en la universidad pública más importante del país. Presenció en primera persona la caída del sistema y la negativa del pueblo a pagar la deuda contraída por gobernantes y banqueros, que acabaron sin cartera y ante el juez. De los ciudadanos nacerá la nueva Constitución de una nación que no quiere volver a construir castillos de naipes en el aire, pero aún queda camino. No menos en España, con similar diagnóstico y sin embargo distinto tratamiento.


Vive en Islandia desde 2001. ¿Qué encuentra allí a su llegada?

Los dos primeros años los vivo como turista y me cuesta ese tiempo comenzar a conocer su sociedad. El idioma es infranqueable. Durante 2001 se privatizan los bancos y se los reparten los partidos. Es una fase de crecimiento económico y la gente, como va todo tan bien, no se plantea mayores problemas.

Habla de una mentira consensuada por la que se viven años felices que no eran tales. Algo nos suena aquí en España. ¿El origen de la crisis es tan parecido como aparenta?

En lo esencial, sí. Era una economía desconectada de toda realidad económica.

Sin embargo, la respuesta a las consecuencias de esa desconexión no se ha manifestado de la misma manera en un lugar y otro. ¿Qué tiene que ver en esto el carácter islandés en comparación con el latino o mediterráneo?

Son más similares de lo que nos parece. Los islandeses comparten con nosotros la pasión por la vida, son creativos y espontáneos. Incluso, llegan tarde y dejan las cosas para mañana (ríe). La diferencia es que ese carácter extrovertido y común lo tienen principalmente los fines de semana y en verano. Durante la semana y el invierno son introvertidos, muy respetuosos. Nos distingue que, para nosotros, la desobediencia civil, la crítica o quejarnos es casi consustancial a nuestro carácter, como la desconfianza hacia el Estado. Los islandeses tienen un carácter muy pacífico y así intentan resolver todos los conflictos. Eso sí, hay una confianza ciega en el Estado y en el Gobierno y cuesta mucho ir contracorriente.

Cita textual del libro: "El Periodismo de investigación es casi inexistente, los medios de comunicación trabajan día a día y distribuyen las notas y comunicados de prensa sobre el éxito de estos sectores y la sociedad disfruta de un altísimo nivel de vida sobre la base de un endeudamiento feroz. En estos años, reputados periodistas publican tanto en Islandia como fuera de ella sobre la sociedad más feliz del mundo". ¿Qué papel y culpa tenemos los medios en todo esto?

Mis vecinos son periodistas e intentaron en 2007 crear una especie de semanario crítico de investigación que destapara escándalos. No funcionó, la sociedad no estaba preparada. En los periódicos, la televisión y la radio informan de las noticias del día, sin más, y así cada día. Lo que está suponiendo una revolución es Internet y los blogs.

¿Qué cambia la obra La tierra de los sueños: un manual de autoayuda para una nación asustada? ¿Por qué este título cala?

Su mensaje es no tener miedo a un futuro incierto, no dejarse seducir por la idea de construir un sueño sobre un sector, ya sea el bacalao o el aluminio, o por pretender hacer de Reykjavik el centro de los negocios financieros internacionales. Llama a mirar al futuro, a conservar los valores y fomentar la educación, la creatividad y el arte, a apoyar la diversidad en la sociedad. Los bancos no apostaban por los creadores, era más fácil participar en lo que más tarde se confirmó como un fraude.

El ejemplo islandés derriba algunos mitos. Por ejemplo, que una comisión de investigación nunca sirve de nada.

Aquí se recopilaron todos los hechos y se determinó la veracidad de ellos para explicar qué es lo que había pasado. Los intervinientes tenían la garantía de que no serían incriminados y eso ayudó. Son nueve volúmenes, 1.800 páginas y todo de forma ordenada y crítica. A partir de ese trabajo es cuando la fiscalía especial de delitos económicos, de cien personas, toma ya la parte criminal, y 30-40 personas serían imputadas.

Otro hecho: se dejó caer a los bancos. No hubo rescate.

Islandia no tuvo otra opción. Al Gobierno le hubiera gustado rescatar a los bancos y de hecho lo intentó, pero Islandia había perdido la confianza de bancos centrales europeos y aliados, no les iban a prestar más después de la bancarrota.

Otra enseñanza es que un referéndum no es contrario a la democracia sino parte de ella, que no hay que tenerles miedo

Entiendo el miedo. Es fundamental el papel de la ciudadanía crítica, pero esto supone mucho trabajo de educar a la población, los problemas son complejos y requieren de muchísimas horas de lectura, discusión y análisis tanto a nivel público como a nivel privado. Entonces, se puede preguntar a la gente. Pero hablamos de algo racional y no emocional o está el peligro de la demagogia, hay que saber qué grado de madurez tienen los ciudadanos. Creo que ahora, en 2012, sí que la tienen. Los españoles estarían preparados para un referéndum como el que tuvimos en Islandia, sobre si es moralmente aceptable convertir deuda privada en deuda pública o aceptar un rescate.

Más: protestar en las calles no es deslealtad. En Islandia funcionaron las movilizaciones. ¿Los españoles indignados han fallado en el número, en las formas o en el discurso, o son los de arriba los que no han querido escuchar?

Allí sucedió lo mismo. Desde que empezamos a manifestarnos en octubre de 2008 hasta que cayó el Gobierno, en enero-febrero de 2009, hubo muchísimas manifestaciones, prácticamente todos los sábados, pero la gente no iba, estaban en el centro comercial. Funcionó cuando el número fue tan importante que el Gobierno no pudo mirar hacia otro lado, el respaldo de la opinión pública era brutal, de un 80-90 por ciento, y se consideraba que no era la reivindicación de una minoría sino que afectaba a toda la sociedad. Quizá en España el número no es suficiente y todavía no se percibe que esas reclamaciones no son partidistas sino esenciales para todos.

¿Qué tiene el 15-M de Islandia?

El poder de la palabra y de la resistencia pacífica.

-"Es imposible citar aquí a todas las personas que, de una u otra manera, tomaron parte en discusiones publicando artículos, mandando cartas a los periódicos, participando en la radio, organizando debates ciudadanos, creando documentales, promoviendo la conciencia ciudadana, etc". ¿Cree que la solución pasa por los de más abajo en la pirámide de poder?

Todo.

¿Todo?

Realmente sí. La soberanía reside en nosotros, pero no podemos exigir cambios a los demás si no cambiamos antes nosotros. El cambio empieza desde abajo, desde la calle, en el día a día, no hay que esperar a mañana. Imagina que de 45 millones de personas, 20 millones tienen la educación suficiente como para poder participar con artículos, en Twitter… Suponen una marea de pensamiento crítico imparable. La gente no lo hace porque piensa como pensaba yo antes de 2007: que mis acciones no tendrían gran relevancia para la historia de un país, que lo que uno hace en la vida privada te afecta solo a ti y a tu familia. Y resulta que no. Estás dando ejemplo para que 15-20-30 personas que te rodean se animen.

Una lectura interesante que aporta La revolución de los vikingos es que la no pertenencia de Islandia a la UE le permite maniobrar en terrenos como la moneda, capacidad que no tiene España. ¿Ser miembro de los Veintisiete es también un lastre para la recuperación?

Islandia no tuvo ese apoyo y se echó mucho de menos. La Unión Europea puede ser parte de la solución pero también parte del problema. Ahora se revela como una gran oportunidad no haber tenido el apoyo de la Unión ni el euro. Son paradojas de la historia, un golpe de suerte, y el problema de España es que algunas de las cosas que podría hacer como país soberano no las puede hacer.

Hoy Islandia aparenta ser de nuevo un paraíso. ¿De nuevo no lo es?

No, esto no es idílico. El Gobierno aprendió, tras la mala prensa internacional, que era esencial contar con un servicio de relaciones públicas y comunicación, animar a la población a que no cunda el desánimo. Yo lo entiendo. Pero claro, se silencian otros problemas que no llegan a vosotros porque se discuten en islandés, un idioma complicadísimo (ríe), y en Islandia. El más importante de ellos, la reestructuración de la deuda privada, que no acaba de llegar; que los bancos no acaban de recalcular hipotecas, que están volando los ahorros de muchísimas familias… Y luego, el 'corralito'. No se puede sacar dinero del país. Por poner un ejemplo, antes de mi vuelo a la Península he tenido que ir con el billete de avión al banco y me dejan sacar 2.000 euros. Digamos que si tuviera en mi casa 500 euros más debajo del colchón, que no los tengo, y los llevara al aeropuerto, me serían confiscados y yo acusada de evadir capitales. Esto queda pendiente de resolver. También, la falta de inversión extranjera.

¿Cómo marcha la nueva Constitución?

La reforma constitucional esperemos que salga adelante, pero es difícil. Para resumir, hay un proceso que un amigo, catedrático, define como destituyente, de fin de una época, y un proceso constituyente, de construcción de otra. Hay un 25 por ciento de la población que quiere cambiarlo todo, un 25 que, directa o indirectamente, goza de privilegios del sistema actual y no quiere cambiarlo por algo desconocido, y un 50 que está en el trabajo, intentando solucionar su deuda, sus problemas, y es una opinión pública que oscila. Vamos en zigzag, a trancas y barrancas, no es un proceso lineal.

En España, los mismos rostros que vimos en la gestación de la crisis son los que ahora quieren sacarnos de ella. ¿Sucede allí lo mismo?

Es un problema similar. El Parlamento se renovó, pero solo al 50 por ciento. La primera ministra, Johanna, era ministra en el Gobierno anterior, que llevó a la crisis. El líder del Partido Verde, la coalición que gobierna con Johanna, lleva 30 años en política. Los banqueros, los financieros y la élite siguen siendo los mismos, están en los comités de liquidación de los bancos y no se sabe bien qué están haciendo, se guardan muchos secretos. No se ayuda a las familias, a las pequeñas y medianas empresas. En Islandia ya se ha parado, pero hemos perdido dos generaciones. Aquí nacen unas 5.000 personas al año, y ya hemos perdido 20.000 personas en dos años; 10.000, extranjeros, ante la falta de trabajo, y los más preparados de entre 20 y 45 años, médicos, abogados, con idiomas. Es un problema muy grave y está sucediendo también en España.

¿Siente que algo se mueve en España, que estamos a las puertas de algo mejor?

No voy a decir brotes verdes (ríe), pero en la oscuridad de este túnel veo algunos destellos y signos de cambio. Por ejemplo, la decisión de las asociaciones de los jueces de cuestionar la legalidad de los desahucios. Iturmendi Morales, catedrático de Ciencia Política, nos explicaba en la universidad que los pilares del Derecho son la legalidad, la ética y la legitimidad, y que si alguno de estos pilares no se da, no estamos ante una ley sino ante otra cosa. También la manifestación de la Policía recordando que está con los ciudadanos y que a ellos también les gustaría encarcelar a políticos y banqueros corruptos me parece fundamental. Tengo mucha esperanza.







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