23 de septiembre de 2019, 20:23:44
Opinion


ARTURO MAS, TRAS SU ESTREPITOSO FRACASO, DEBE DIMITIR

Luis María ANSON


Arturo Mas adelantó las elecciones autonómicas y desencadenó la tormenta secesionista con el fin de ganar por mayoría absoluta. No lo ha conseguido. Su posición fundamentalista ha quedado ampliamente derrotada. Ante el rotundo retroceso de su partido, Arturo Mas no tiene otra decisión éticamente aceptable que la dimisión, dando paso, con otro presidente de Convergencia, a un posible Gobierno en alianza de nuevo con el PP.
El buen sentido del pueblo catalán ha prevalecido sobre los aspavientos y las piruetas. Y aunque el panorama político de Cataluña queda confuso, los políticos deberán dedicarse ahora a resolver los problemas gravísimos que padecen los ciudadanos en lugar de perder el tiempo en quimeras y despropósitos.
La opinión pública española sabe que Arturo Mas, para tapar el agujero de cerca de 50.000 millones de euros que entre el tripartito, primero, y Convergencia, después, han generado, amenazó a Mariano Rajoy. Quería obtener un dinero fácil y saldar la deuda. El presidente del Gobierno se negó a complacerle, entre otras razones porque no disponía de ese dinero para taponar los despilfarros de la clase política catalana. Mas respondió a la negativa de Rajoy desencadenando el vendaval secesionista que, en muy poco tiempo, dejó de controlar.
Ahora sabemos que, además del dinero para salir del agujero de la deuda, Arturo Mas ha aireado el secesionismo porque un sector relevante de dirigentes catalanes están aterrados ante la maquinaria de la Justicia que se ha puesto en marcha desvelando una corrupción galopante, con horizonte de condenas y cárcel.
A pesar de la manipulación que Arturo Mas ha hecho de las denuncias, el pueblo catalán le ha puesto en su sitio y ha despejado el camino para que se sosiegue, si se produce la dimisión del presidente, la vida política de una comunidad autónoma a la que los españoles, en su inmensa mayoría, no conciben fuera de España.
Conviene añadir, finalmente, que no todo el electorado de CiU es secesinista, lo que cuestiona esa mayoría soberanista a la que se refieren algunos comentaristas interesados en mantener una quimera cuando el pueblo catalán padece un paro galopante y una situación económica agriamente crítica. Un Gobierno de CiU con Esquerra Republicana, que es posible, no solo no resolvería los problemas que aquejan a los catalanes sino que los acentuaría.
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